DIOSA CHAXIRAXI VERSUS
VIRGEN DE CANDELARIA
HISTORIA DE UNA USURPACIÓN (II)
Guayre
Adarguma *
Es
una verdad incuestionable que todos los seres vivos están dotados de espíritu;
espíritu que emana de
Por ello el espíritu vivificador mora en el ser humano desde sus ancestros más lejanos, desde el Orrorin tugenensis con una antigüedad de 6 millones de años o el etíope Ardipithecus kadabba, con 5,7 millones, así como los anamensis, afarensis, africanus, bahrelghazali y garhi, aethiopicus, boisei y robustus, Kenyanthropus platyops, todos ellos antecesores de la entrañable Lucy de quien el paleoantropólogo François Marchal del laboratorio de Antropología, adaptabilidad biológica y cultural de Marsella, nos dice:
“Lucy pertenecía sencillamente a la especie más antigua del linaje humano, y
era lógico situarla en el árbol genealógico de los homínidos, es decir, el
conjunto de las formas humanas extinguidas o actuales que fueron el origen de
todas las demás”.
Todos ellos portadores, como he dicho, del germen de
La
ciencia moderna sostiene que el hombre, como criatura física, y tal como se lo
conoce actualmente, ha sufrido una evolución completa que lo ha convertido en
una especie animal distinta de las demás.
Nuestra
especie, el hombre actual, Homo sapiens, se originó en el territorio que en la
actualidad es Etiopía en África hace alrededor de 160.000 años.
Desde
África los sapiens sapiens habrían avanzado hacia el Cercano Oriente
(Palestina), donde hay yacimientos antiguos de alrededor de 100.000 años. A
Europa estos hombres modernos habrían entrado hacia los 40.000 años; a
Australia, entre los 40.000 y 50.000 años, y a América, un poco más tarde.
Lo anteriormente expuesto queda corroborado por un equipo
internacional de investigadores encabezado por el doctor el
doctor Tim White, paleoantropólogo de
Este
grupo científico internacional hizo público en Nature (junio 2003), un nuevo y
apasionante capítulo de la historia humana a partir del análisis de los restos
de tres individuos que habitaron la depresión de Afar, en Etiopía, hace nada
menos que 160.000 años: los cráneos fosilizados de dos adultos y un niño
aportan las evidencias más antiguas obtenidas hasta hoy de la presencia del
Homo sapiens en el planeta, e iluminan una zona de nuestra historia evolutiva
que aún permanecía en tinieblas. El hallazgo, realizado el 16 de noviembre de
1997 -pero que, dadas las dificultades del estudio posterior, sólo ahora pudo
presentarse- fue considerado un avance mayor y uno de los descubrimientos más
significativos acerca del amanecer de la humanidad, ya que permite precisar cuándo
y dónde surgieron nuestros primeros ancestros.
“El
origen de los Homo sapiens y el destino de los Neanderthal han sido dos
cuestiones fundamentales de los estudios evolutivos durante más de un siglo
–según afirma el doctor Tim White. Pero había un obstáculo para
resolverlas: no existían fósiles datados con precisión entre los 100.000 y
los 300.000 años de antigüedad. El hecho de que estos cráneos exhiban
mejillas muy prominentes, cara robusta, pero con un hueso frontal más vertical,
y que la parte más ancha del rostro se encuentre sobre las orejas y no por
debajo nos permite llegar a la conclusión de que se trata, ya en ese momento,
de Homo sapiens modernos.
Los
fósiles estaban enterrados en antiguos sedimentos arenosos del poblado de
Herto, al nordeste de Addis Abeba, capital de Etiopía. Todos pertenecen a la
misma especie, se encontraban a alrededor de
Los
cráneos de Herto, por lo tanto, no son de hombres de Neanderthal (que se
extinguieron en Europa hace 30.000 años) ni de Homo erectus. Su anatomía y
antigüedad ofrecen evidencia sólida que respalda la teoría de la emergencia
del ser humano moderno en África.”(Nora Bär –
Como
he dicho, el sapiens sapiens es el antepasado más directo de la actual
Humanidad. Por lo tanto, posee una desarrollada cultural, que con el transcurso
del tiempo se hizo cada vez más compleja, esta cultura entendida como la
capacidad de transmitir información entre generaciones por medios extragénicos,
se ha desarrollado de manera notable en la especie humana proporcionando, además,
identidad a la propia especie. Los modelos de comportamiento integrados
requeridos para la planificación y creación de herramientas se desarrollaron
hace al menos 2,5 millones de años; además, también pudo haber existido en
esa época alguna forma de código avanzado para la comunicación verbal. La
organización de cacerías, la utilización del fuego, el uso de ropa y los
enterramientos con un cierto carácter ritual, estaban ya bien establecidos hace
350.000 años. Hay evidencias que datan desde hace 30.000 o 40.000 años algunos
rituales religiosos, registros sistemáticos de datos y la existencia de un
lenguaje avanzado y unas ciertas normas necesarias para la organización social.
Como
hemos visto África es el único continente del planeta en el que aparecen fósiles
que, a manera de eslabones, han permitido hablar de orígenes humanos a partir
de un primate ancestral.
El
control del fuego
El
control del fuego por parte del hombre primitivo supuso indudablemente el mayor
avance cultural de aquella época y, quedó tan profundamente impreso en la
memoria colectiva de la humanidad que todas, absolutamente todas las religiones
del mundo conservan y practican diferentes ritos dedicados al Fuego Sagrado.
Estudios
recientes inducen a creer que el hombre aprendió a controlar el fuego mucho
antes de lo que la ciencia venía admitiendo, semillas
carbonizadas, restos de madera y piedras de lumbre fueron halladas junto a
madera en Israel. El primer fuego obtenido por un ser humano posiblemente
ardió hace ya 790 mil años, es decir 500 mil años antes de lo que se creía
hasta ahora. Al menos así lo indican semillas carbonizadas, restos de madera y
piedras de lumbre halladas junto a madera intacta en el norte de Israel. El
hallazgo en la excavación de Gesher Benot Ya'aqov, presentado por la revista
Science, podría explicar por qué aproximadamente al mismo tiempo se produjo el
avance hacia las zonas climáticas más frías de Europa. Los autores del
informe admiten que no se puede excluir totalmente que se trate de un fuego
natural en vez de uno controlado por el hombre. Pero la distribución de la
madera carbonizada y la intacta acercan mucho esa conclusión. Además, en el
lugar del hallazgo ardieron madera y otros restos de tres plantas alimenticias:
olivo, vid y cebada. Hasta ahora, algunos yacimientos en Europa y una cueva en
China eran considerados la prueba de que el ser humano ya sabía manipular el
fuego hace aproximadamente 250 mil a 300 mil años. A pesar de que existe cierta
controversia, el reciente hallazgo en Israel es aceptado por la mayoría de los
expertos. “Creo que esta es la mejor prueba de la utilización del fuego en
la época anterior a hace 250 mil años”, afirma Richard Klein de
El
equipo de Naama Goren-Inbar, de
El
despertar de la conciencia
No olvidemos que para la mentalidad primitiva -y para un amplio
sector de la actual-, todas las cosas tienen su espíritu, y el espíritu del
muerto no es más que un espíritu de especie superior.
Los antropólogos han mencionado que el ser humano experimentó
un cambio notable en sus hábitos y organización social cuando empezó a
enterrar a sus muertos.
Afirman que antes de esa época, los humanos seguían el cauce de
los ríos o las rutas migratorias de los animales. De esta forma los diversos
grupos nómadas de cazadores y recolectores de frutos, cruzaban las estepas y
valles. A su paso dejaban tras de sí a quienes perecían por causa de alguna
enfermedad, lesión o cansancio, los cuales eran devorados por los animales
depredadores.
Por más prehistóricos que fueran, ¿no habrán sentido un
terrible impacto al ver que sus familiares o amigos eran devorados por una
bestia?
La costumbre de enterrar a los muertos, confirió al hombre,
aparte de la cuestión práctica de proteger los cadáveres, una connotación de
índole espiritual. El entierro implicaba un rito en el cual aceptaban la idea y
el sentimiento de otra existencia “más allá” de la que de manera tangible
pudieran apreciar.
Si los
primeros homínidos fueron capaces de tales prácticas, demostrarían estar
dotados de una gran sensibilidad que los llevaba a venerar a sus muertos e
incluso a tratarlos con cariño.
Desde los primeros restos conocidos desde la prehistoria hasta la
actualidad, la tumba ha sido el más elemental modo de expresión religiosa y es
unas de las pruebas más concluyentes de la creencia en la otra vida,
consustancial al hombre, incluso en las sociedades de mentalidad religiosa menos
desarrollada.
Sin que la regla sea absoluta, el hombre prehistórico cree en el
mantenimiento de la personalidad en el “más allá”, con necesidades muy
semejantes a las terrenas, como lo demuestran las armas, adornos y alimentos que
se ofrendan a los muertos y que todavía se hallan junto a sus restos en las
sepulturas
En sitios arqueológicos vinculados con la Prehistoria, no se
encontraron lápidas, ni inscripciones que transmitan nombres de divinidades ni
de ritos, pero el hecho mismo del enterramiento y del cuidado a los difuntos,
demuestra una creencia firme en un “más allá”. De otro modo no se explican
las ceremonias funerarias y bastaría abandonar los cadáveres o cubrirlos con
tierra sin la menor preocupación complementaria.
Estos pueblos enterraban colores junto a los muertos, o pintaban
los cadáveres y hasta los bañaban en substancias colorantes. El fin de estos
procedimientos es complejo y múltiple. El rojo simboliza y sustituye la sangre,
es decir, la energía vital, por lo que pintaban las entradas de las cavernas,
ciertos utensilios y hasta sus cuerpos. Empapar un cadáver en color rojo
equivalía a multiplicar la potencia vital del difunto en la otra vida.
Como la momificación egipcia o canaria, el baño paleolítico de
ocre rojo era garantía de inmortalidad, pues el color rojo es el color de la
Diosa.
Los muertos necesitan de los cuidados y las ofrendas de los vivos,
mientras que éstos pueden ver afectada su existencia de manera favorable
(protección de sus antepasados), o perjudicial (espíritus malignos, fantasmas)
por la influencia de aquellos.
Con el
advenimiento del último interglaciar, al mismo tiempo que comenzaba a
difundirse la cultura musteriense, los hallazgos se hacen más variados.
De este
período, proceden verdaderas sepulturas, las cuales estaban todas situadas en
cavernas o abrigos rupestres, que prueban la existencia de un culto a los
muertos.

Las
primeras migraciones
Según
estudios recientes indican que los primeros humanos que salieron de África para
poblar al mundo se dirigieron hacia el sur, a lo largo de la costa del Océano
Índico.
Al
parecer pobló el mundo a partir de leves pero sucesivas oleadas migratorias que
tuvieron distintas direcciones, según recientes análisis genéticos, cuyos
resultados acaban de publicarse. Las nuevas informaciones demostrarían que
esas migraciones no se habrían producido mediante un flujo único de salidas a
otros continentes sino de manera intermitente, según los datos de un estudio
científico publicado en el último número de la revista Proceeding of the
Nacional Academy of Sciences (PNAS). El equipo científico que llevó a cabo
esta investigación, dirigido por Sohini Ramachandra, del Departamento de
Ciencias Biológicas de
Hasta
ahora, los científicos siempre pensaron que el éxodo desde África, que se
produjo hace 70.000 años, siguió una ruta norte hacia Europa y Asia. Sin
embargo, de acuerdo a un estudio genético, los primeros humanos modernos se
fueron por la costa, posiblemente atraídos por una dieta de comida de mar. Rápidamente
alcanzaron Australia, pero tomaron mucho más tiempo en asentarse en Europa. El
doctor Martin Richards de
Los
expertos detectaron una fuerte relación entre la genética de la población y
su proximidad, y comprobaron que a menor distancia geográfica entre dos
individuos cualesquiera, mayores semejanzas en el ADN de unos y otros.
Hasta ahora se creía en esa posibilidad pero se carecía de datos genéticos
que lo confirmaran y además los estudios se ceñían a distancias geográficas
demasiado cortas para investigar sobre la posible conexión entre este factor y
la genética de las poblaciones. Según los científicos, el descubrimiento
permite ampliar el conocimiento sobre la variación genética en los individuos,
teniendo en cuenta que el factor de selección natural probablemente supone
menos del 25 por ciento en la misma. Los investigadores comprobaron que, en
el lugar de origen de las migraciones al resto del mundo, es decir, en África,
las poblaciones mostraban la mayor diversidad genética. Por el contrario,
en América, que fue el último lugar en ser colonizado por estas migraciones
procedentes de África, se registraban las menores variaciones genéticas. Los
científicos reiteran que los resultados de su investigación respaldan la
explicación de que el proceso de colonización del mundo se habría producido a
partir de una serie de oleadas migratorias y no mediante un flujo único.
Es
indudable que el hombre en sus migraciones portaba consigo su bagaje cultural y
espiritual, es por ello que en todos los pueblos y culturas del mundo desde la más
remota antigüedad adoran a
Nacimiento
de la agricultura
El
surgimiento de la agricultura determinó cambios muy importantes en el
hombre primitivo, de tipo social, cultural y de la relación con su
entorno. Tan importante fue este cambio que el inicio de la práctica agrícola
se toma como referencia para estudiar los periodos del desarrollo cultural
del hombre, en la historia.
Todo
comenzó en ese momento misterioso e inmenso que conocemos como prehistoria,
cuando nuestros lejanos antepasados lograron domesticar las primeras especies
vegetales. Esto habría ocurrido hace unos 14.000 años.
El
surgimiento de la agricultura tuvo un impacto evidente: por primera vez era
posible influir en la disponibilidad de los alimentos. Las consecuencias de este
descubrimiento fueron estremecedoras: aparecieron las primeras aldeas, los
recolectores nómadas se transformaron en campesinos sedentarios.
En
primer término, debe destacarse que la producción de alimentos no desalojó de
un día para el otro, a la recolección de alimentos.
En los
yacimientos de Egipto e Irán, en los cuales se revela por primera vez, la
existencia de comunidades neolíticas, puede apreciarse que la supervivencia del
régimen de recolección de alimentos es equiparable a la práctica del cultivo
de cereales y la cría de animales. Sólo posteriormente fue declinando su
importancia económica.
Además,
la economía productora de alimentos, saca al hombre de la inseguridad propia de
la forma de vida del Paleolítico para darle una mayor tranquilidad con respecto
a su futura existencia. La producción de alimentos proporciona la posibilidad
de acumular un sobrante; los granos deben conservarse de modo que duren hasta la
siguiente cosecha.
El
almacenamiento del grano ayudará a la comunidad a superar las dificultades
originadas en períodos de sequía o de fracaso en las cosechas.
El
desarrollo de la economía y previsión, llevó a la formación de una reserva,
que no solamente le dará tranquilidad sino que servirá de apoyo al crecimiento
de la población y constituirá una base para el comercio rudimentario.
Otro
elemento que debe destacarse, es la autosuficiencia de la economía. La
comunidad productora de alimentos no depende, para sus necesidades elementales,
del intercambio con otro grupo. Produce todo el alimento que necesita y las
familias se encargan de la fabricación de las herramientas, utensilios y armas
que le son imprescindibles. Esta autosuficiencia económica no significa que la
comunidad viva aislada. La práctica simultánea de diversos métodos para la
producción de alimentos por grupos diferentes obligó a las distintas
comunidades a entrar en contacto y con ello a romper el aislamiento. Podemos
afirmar, entonces, que el aislamiento total no fue posible y que, si bien los
contactos no fueron regulares y frecuentes, pudo llegarse a una especie de
comercio irregular de lo que son testimonio las grandes distancias recorridas
por algunos objetos.
La
actividad agrícola fue predominante para las economías durante miles de años
antes de la revolución industrial. Pero su importancia no decae ni con la
aparición de fábricas ni con la proclamada llegada de una era digital. Después
de todo, se trata de producir alimentos. Y sin alimentos, la vida no es posible.
Paralelamente
al desarrollo de la agricultura se produce la domesticación de animales, este
proceso se inició en el noveno milenio antes de la era actual en el Próximo
Oriente, probablemente el perro fue el primer animal domesticado. Provenía del
lobo o del chacal. El primer animal domesticado para la alimentación fue el
carnero salvaje (Irán).
El
cerdo aparece domesticado hacia el 7000 en las costas libanesas, los bóvidos no
lo son hasta el sexto milenio. Fueron utilizados en tareas agrícolas, el
caballo y el asno fueron domesticados hasta el final del neolítico.
Primeros
asentamientos estables
En
torno al 9000 antes de la era occidental actual y el inicio de los tiempos
post-pleistocénicos y con ellos del Holoceno, África se encuentra en el umbral
de una transición cultural que preludia la recepción de la llamada revolución
neolítica.
Por
entonces, África del Norte conoce un clima templado y benigno, con las
industrias microlíticas del Capsiense, y también del complejo íbero-maurisien,
al asimilar a un Mesolítico del África Menor, que florece en el Magreb,
Coetáneamente
el Próximo Oriente, tras el Mesolítico, conocerá la gestación de la llamada
revolución neolítica que habrá de suponer una metamorfosis económica,
societaria y cultural de la Ecúmene y que hace que en el vasto ámbito geográfico
conocido como Creciente Fértil, que abarca Egipto, Siria-Palestina, Líbano,
Anatolia, Asiria e Irán occidental, convertido en encrucijada innovadora, el
hombre pasa de la recolección vegetal a la agricultura, y de la caza a la
ganadería y técnicas agropecuarias
Aparecerán
las primeras aldeas o habitaciones
en comunidad, construidas en piedra y adobe, y también la artesanía en serie
-como por ejemplo, la cerámica- y la distinción del arte propiamente dicho
como técnica especializada. Surgen también nuevas experiencias religiosas
junto con la magia tribal y muy pronto las sociedades humanas hacen viable, y al
cacicazgo, y a la realeza como formas políticas.
En alguna culturas estos establecimiento en las zonas de cultivo no siempre fueron fijos, según el antropólogo inglés Gordon Childe en la obra Los orígenes de la civilización, sostiene que no debe confundirse la adopción de la agricultura con la adopción de una vida sedentaria.
Para ello se basa en el
procedimiento de cultivo de muchos campesinos de Asia África y América del
Sur, quienes aún hoy, despejan una zona dé árboles, remueven la tierra
simplemente con una estaca y siembran en ella hasta que las riquezas del suelo
se agotan. Cuando toda la tierra cercana al poblado, ha sido cultivada hasta su
agotamiento; se trasladan para comenzar el cultivo en otra parte. Esta es la
forma mas primitiva de agricultura, llamada cultivo de azada o cultivo hortense.
Como
hemos visto, tras la denominada revolución neolítica, que en modo alguno es
una convulsión violenta y rápida como pudiera inducir a creer la palabra
“revolución”, sino que se trata de un proceso lento, al final del cual los
hombres consiguen el control sobre su propio abastecimiento de alimentos
mediante la selección de las semillas, domesticación de animales, cultivo de
plantas e introducción de mejoras tecnológicas. Comienza un periodo de
asentamiento de grupos familiares y afines dando lugar al surgimiento de
poblados que podemos considerar como proto- urbanos.
En torno
a grandes ríos -el Éufrates y el Tigris, el Indo, el Nilo, el Yangtsé- surgen
las denominadas grandes civilizaciones. La primera de estas civilizaciones
fue Sumer, hace 5.500 años. Los sumerios,
cuya civilización se extendió hasta el norte del Éufrates, fueron creadores
de un tipo de escritura denominada cuneiforme.
Es escritura en tablillas de arcilla, en tablas de piedra o en papiros. Los
textos más antiguos que conocemos son leyes recogidas el
Código de Hammurabi, además
de contabilidades y crónicas
con una antigüedad de 4000 años.
El
aumento de población por la mejor alimentación tras la revolución neolítica,
obligó a la población a bajar a los valles, con suelos más ricos por la
abundancia de agua y las crecidas anuales. Fue necesario controlar el río con
diques y canales. Se pueden poner en cultivo nuevas tierras, aumentar su
productividad, garantizar la estabilidad, mantener más animales. La riqueza
aumenta, aumenta la población, aumenta la especialización.
El
cuidado y defensa de los sistemas de canales requiere un marco distinto: se
crean las primeras ciudades. La revolución urbana supone una organización más
compleja: asentamientos más amplios, diversificación y especialización del
trabajo (junto a las actividades ya existentes en el campo, surgen ahora otras
propiamente urbanas), intercambios entre campo y ciudad (excedentes
agrarios por productos manufacturados). Esto requiere mayor organización y
cooperación: un sector de población se dedica a la administración y control
de la economía a través de un conocimiento de las crecidas de los ríos, muy
ligado a las creencias religiosas; luego, este grupo se convierte en clase
dirigente y crea unos instrumentos (ejército, leyes, burocracia, impuestos,
escritura...): ha nacido el Estado o poder político y, la aparición de dioses
guerreros acorde con las pretensiones de poder
de las clases dominantes y guerreras, al servicio de las cuales surge un
clero servil y ambicioso.
Como
fruto del dominio de un sector de la población sobre el otro surge el
acaparamiento de los excedentes: por primera vez conviven ricos y pobres
-jerarquización social-.
Pero lo más destacado es la aparición de la esclavitud, que marca la diferencia fundamental entre hombres
libres y no libres. También en este periodo histórico comenzaron las guerras
por el poder territorial, económico, político y religioso las cuales han
continuado hasta nuestros días.
Continuará…
Abril de
2009.
Imágenes tomadas de: cluch.wordpress.com