EFEMÉRIDES
DE LA NACIÓN CANARIA
UNA
HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERÍODO
COLONIAL, DÉCADA 1581-1590

1585.
La Isla Chinech (Tenerife) pasa a sumar un total de 20.350 habitantes que venían
a suponer nada menos que el 52 por ciento del total de la colonia canaria.
Como
se puede apreciar se mantiene el crecimiento rápido pero se percibe una ligera
tendencia a ralentizarse debido a las calamidades de todo tipo que se abatieron
sobre los colonos europeos, criollos e isleños. Destacan en primer lugar las
epidemias de 1568, 1578 y 1582. Especialmente dura fue esta última que originó
nada menos que 9.000 defunciones.
La
densidad también asciende situándose en estos años en 10,5 habitantes por kilómetro
cuadrado y la población se distribuye de la siguiente forma: el 32 por ciento
de los tinerfeños viven en Eguerew (La Laguna). El resto se distribuye en
localidades importantes como
1585.
La Isla Benahuare (
El
poblamiento de Benahuare (
El
resto de los habitantes se distribuían entre unas 12 localidades. En el norte
de Benahuare (
1585.
Digno de mención es también en el
orden político el intento secesionista que del mando centralizado en la isla de
Tenerife hizo la de La Palma en 1585. Para ello solicitó del Rey que se hiciese
por la Real Audiencia pública información sobre las utilidades y ventajas de
tal reforma política, y aunque la Corona española accedió a ello, admitiendo
más tarde a participar en la información a la isla de Tenerife, pudo
soslayarse tal pretensión siguiendo vinculada en su gobierno a esta última
isla (A. C. T.: Reales Cédulas, leg. 9, núm. 43.
La isla de Tenerife se opuso por medio de su mensajero Francisco Valcárcel,
alférez mayor, a tal pretensión de La Palma, impugnándola y rogando a la
Corona que suspendiese la información.) La Palma se gobernaba por medio de los
tenientes de gobernador nombrados para ella por los titulares de Tenerife, y el
descontento de ahora pudo estar provocado, lo mismo que en 1564, por la
rapacidad de estos últimos, que con objeto de beneficiarse de las cuantiosas
rentas de la tenencia -unos 30.000 mr.- ponían en su lugar "personas de pocas letras y naturales de la isla que se contentaban
con poca cosa y robaban y cohechaban para poderse sustentar".
Como
el peligro aumentó para las islas con motivo de la incorporación de Portugal
al imperio castellano (1580), llevada a cabo por el rey don Felipe II, el
monarca español pensó de nuevo en la necesidad de instruir y disciplinar a sus
milicias para hacer frente a tal contingencia. Para ello escogió el rey de España
un selecto grupo dé soldados veteranos, que distribuyó en 1581 por las
distintas islas del Archipiélago.
De
esta manera se encargaron de la instrucción de las milicias insulares en Gran
Canaria, el alférez Juan Niño y el sargento José Archidona; en Tenerife, los
alféreces Jerónimo de Aguilera y Jerónimo de Saavedra y los sargentos Miguel
Berdejo y Alonso Becenil, y en La Palma, el alférez Juan de Ocaña y el
sargento Gonzalo de Carvajal.
Con
análoga comisión, la de instruir a los artilleros isleños, vino al Archipiélago
el italiano Olivero de Bastiano, para que al mismo tiempo que los instruía
fuese cabo de la artillería.
El
Rey “obsequió” además a las
islas con porción de armas de todas clases y calibres: piezas de artillería,
arcabuces, picas y buenas partidas de pólvora para .cañón y arcabuz.
Si
estos últimos “obsequios” fueron
recibidos con complacencia, los instructores fueron en cambio admitidos no sin
protestas y reclamaciones, pues los criollos eran consientes de que tales
disposiciones lo que realmente pretendían era despojar a las milicias
coloniales canarias de la autonomía de que gozaban, la cual no dejaba de ser
vista desde la metrópoli como una posible amenaza para sus planes de
perpetuarse en la ocupación de las islas. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)
1585.
Las fortalezas de la isla de
El
Fuerte del Cabo, defendido por dos pequeños cañones.
1585.
La isla de
En
la primera mitad del s. XVI las plantaciones de caña azucarera, las vides,
frutales y cereales en unión de los ingenios ubicados en Hermigua, valle Gran
Rey, Alajeró y
A
la muerte del colono, primer conde,
1585.
La Villa de Mazo sería uno de los lugares de campo que, a medida que avanza la
colonización castellana con el reparto de las tierras usurpadas y aguas, se va
configurando como comunidad vecinal sometida a la autoridad del Cabildo
establecido en Tedote n Benahuare (Santa Cruz de
1585.
De nuevo un temporal arruina el muelle de Añazu n Chinech (Santa Cruz de
Tenerife) lo que generó un estado de desánimo en los colonizadores. Se llegó
a plantear cambiarlo de lugar pero esta idea no se hizo efectiva.
1585.
Son detenidos en la isla Erbania
(Fuerteventura) unos posibles piratas ingleses.
Los,
marineros ingleses alegaron que habían salido de Inglaterra el día de Santiago
de 1585 en el navío Primrose ("Prima Rosa"), propiedad de Alexander Hale
(Alexandre Hale), con dirección a Terranova para dedicarse a la pesca.
Después
declararon que a altura del cabo de San Vicente-que no era precisamente la ruta
indicada para arribar a Terranova-habían sido asaltados y saqueados por los
franceses, quienes les despojaron, del navío cediéndoles una carabela para
proseguir su viaje.
Entonces,
según ellos, se acordaron varios de los ingleses que tenían amistad con un
factor inglés residente en Tenerife, Jofre López (sic), y decidieron dirigirse
la las islas; mas cuando se hallaban en sus aguas de nuevo la fatalidad les
persiguió, pues otra embarcación francesa les atacó, viéndose forzados los
ingleses, sin otro medio de navegar, a desembarcar en Fuerteventura.
¿Y
los demás tripulantes del Primrose? Nada se dice en el proceso de ellos, y esto, unido a las
demás anomalias, hace pensar que todo es pura invención de los piratas.
Por
el proceso del primero se deduce el buen trato que los españoles daban a los
prisioneros, pues todos ellos gozaron en un principio de libertad, repartidos
entre las diferentes islas. En Gran Canaria residían: John Gold, en casa de
Pedro de Serpa; William Baker, al servicio de Pedro Medina; Melchor Devlin, que
estaba en el campo de Arucas; WiIliam Ware, que moraba en casa del canónigo
MaLcoonado; Edgard Stride, que trabajaba haciendo pólvora en el campo, etc. En
1585
Abril. Inglaterra se prepara una flota
colonizadora bajo la dirección de sir Richard Grenville.
Reunidos
siete navíos, el Tiger y el Roebuck de 140
toneladas; el Lion de 100; el Elizabeth
de 50, y tres menores, bajo la dirección de sir Richard Grenville, la flota se
hizo a la mar, con rumbo a las Islas Canarias, en abril de 1585.
De
su paso por el Archipiélago conocemos algunos detalles. La escuadra, por causas
ignoradas, se refugió en la isla de Lobos, donde permaneció por espacio de
algunos días, quizá reparando averías. El gobernador de Gran Canaria, don Tomás
de Cangas, así lo comunicaba por aquella fecha a la corte, aunque ignoramos si
los ingleses se limitaron a guarecerse en aquel desierto islote, tan
frecuentado, a lo largo del siglo, por corsarios y piratas, o si extenderían
sus correrías, por las islas vecinas, robando y saqueando.
Señalada
a las naves, por su capitán Grenville, la isla de Puerto Rico como punto de
reunión, la flota atravesó el Atlántico, logrando capturar algunos navíos
españoles en la ruta, y forzando a los portorriqueños a avituallar a la
escuadra a cambio de mercancías. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)
1585
Abril 15. La
población de la localidad hawara (palmera) de Los Llanos de Aridane amanece
sobresaltada por la erupción de un volcán en las inmediaciones del pueblo. Las
crónicas cuentan que los ríos de lava se dirigieron desde un primer momento
hacia el mar causando escasos daños a los cultivos de la zona y sin destruir
casas o haciendas.
1585
Mayo 19. En el actual
Municipio de El Paso en la isla canaria de Benahuare (
1585
Junio. Drake fue autorizado por la
Reina de Inglaterra, para armar una escuadra contra España, y en Agosto, la
flota, formada por unos 30 navíos, se hallaba anclada en la rada de Plymouth en
espera de los últimos preparativos; la formaban los dos navíos de la Reina, el
Bonaventura de 600 toneladas y el Aid de 250, bien artillados y las 28 restantes
embarcaciones eran de particulares. El 24 de Septiembre abandonaba su fondeadero
para dirigirse a las costas de España, y después de varios desembarcos fue
vista el 7 de Noviembre en las proximidades de la isla de La Palma, pero continuó
hacia otras islas y en la tarde del día 12 estaba a la altura de Los Sauces,
cruzando el 13 por delante de Puntallana, mientras otras embarcaciones de la
escuadra fueron hacia Tazacorte. Iniciado el cañoneo entre la ciudad capital y
la escuadra, intentaron los ingleses desembarcar en la playa de Las Norias de
Bajamar, pero la Artillería de tierra y la impetuosa acción del oleaje
impidieron sus propósitos y, a media tarde, levó anclas desapareciendo en
dirección al Sur. En el Libro de Acuerdos del antiguo Cabildo de la isla,
consta en la sesión del sábado 16 de Noviembre de 1585, que los navíos
enemigos «se fueron fuyendo por el mucho
daño que se les hizo». Se hallaba entonces en la isla el Ingeniero
Leonardo Turriano, a quien, por Real Cédula de 18 de Marzo de 1584, se había
dado instrucciones para las obras a realizar. Residió unos dos años dirigiendo
la construcción del muelle y planeando la edificación de una nueva fortaleza
en La Caldereta; en esa época contaba la capital casi con tantos vecinos como
Las Palmas de Gran Canaria (unos 800 vecinos que da una población aproximada de
4.000 habitantes).
1585
Septiembre 30. Había recibido el
Cabildo de Tenerife, por la vía de la Madera, un detallado parte de la salida
de los corsarios ingleses de Inglaterra, noticia que como es natural circuló de
una-s islas a otras, tomándose por todas ellas las acostumbradas medidas de
seguridad. A aumentar la alarma vino todavía un nuevo aviso del marqués de
Lanzarote, recibido en La Laguna el 25 de octubre de dicho año, por transmisión
del gobernador de Gran Canaria don Tomás de Cangas, participando "hallarse
surtas en la ysla de Lobos siete velas gruesas que traían Almiranta y
Capitana".
Dicha
flota inglesa (que no era la de Drake como se ha supuesto) tuvo la virtud de
movilizar todas las fuerzas de las islas, acordándose, por ejemplo, en la de
Tenerife, la visita a las fortalezas para proveer las convenientemente de pólvora;
el acantonamiento fijo de una compañía de infantería y dos hombres de a
caballo en el puerto, de Santa Cruz, para lo cual se turnarían las distintas
compañías de la ciudad; la fabricación de bizcocho en abundancia, y la
extracción de pólvora (que se guardaba en el subterráneo del convento de San
Agustín como el lugar más seguro) para repartirla en
Desde
Tenerife fué reexpedido a la isla de La Palma el aviso del marqués de
Lanzarote, dando motivo a una reunión extraordinaria de su Cabildo el 4 de
noviembre, en que se acordó dar las gracias a la primera isla por su solicitud
en avisarles, así como que fuesen convocados todos los capitanes para acudir a
la posada del teniente de gobernador Jerónimo de Salazar, con objeto de visitar
las fortalezas, establecer el turno de vigilancia de las compañías y disponer
otras medidas análogas de seguridad.
Los
ingleses aseguran que el 3 de noviembre, según el cómputo gregoriano (24 de
octubre para los protestantes), divisaban las naves la isla de Lanzarote, ignorándose
por nuestra parte el tiempo que en ella permanecieron y en que se entretuvieron.
Sabemos, en cambio, por fuentes españolas exactas, que el 7 de noviembre se
divisaron frente a Santa Cruz de La Palma muchos y poderosos navíos que, en
lugar de pasar de largo, "se
estuvieron entretenidos [dando] una buelta y otra", lo que despertó la
alarma de la ciudad y con ella de toda la isla, hasta el punto de concentrarse
en la capital por esta causa todas las milicias palmeras. Dada la proximidad de
fechas entre el aviso circulado por Tenerife (con retraso, cada vez de más días,
entre una isla y otra) y la presencia de la flota de Drake, se estimó en La
Palma ser un mismo enemigo el que no cesaba de soliviantar a las islas en
cruceros ininterrumpidos por entre sus aguas.
De
esta manera, el primer itinerario de Drake debió ser en la ocasión que
describimos Lanzarote-La Palma, donde apareció el 7 de noviembre, para
desaparecer poco tiempo más tarde con rumbo ignorado.
Ahora
bien; ¿en qué se entretuvo el pirata en aguas del Archipiélago desde esa
fecha hasta el 13 de noviembre en que atacó Santa Cruz de La Palma,.. ?
Surge
en el intermedio un episodio ocurrido en el año 1585 en la isla de
Fuerteventura-aunque sin otra precisión cronológica-que nos impulsa a creerlo
relacionado con una posible estancia del pirata en dicha isla o en sus
contornos. En ese año desembarcaron en la isla de Fuerteventura, donde fueron
apresados, diecisiete ingleses que se dijeron tripulantes de un navío británico
de nombre Prima Rosa, saqueado según confesaron por piratas franceses, que les
forzaron a desembarcar en la isla mencionada. Si se tiene en cuenta la identidad
de nombre entre el navío que conducía el vicealmirante Martín Frobisher, el Primrose
y la fecha análoga de partida de Inglaterra-verano de 1585-, ¿sería
aventurado pensar que los marineros detenidos en Fuerteventura se perdieron del
grueso de la expedición de Drake, al recorrer las costas de la isla para
piratear, teniendo que buscar abrigo, extenuados, en aquella propia tierra?
Cuanto declararon los marineros ante la Inquisición sobre supuestos saqueos de
franceses tiene todo el aire de una burda patraña inventada para ocultar la
personalidad de Drake, cuyo solo nombre, por ellos pronunciado, podría
acarrearles severísimos castigos.
Los
nombres de los piratas conviene recordarlos porque algunos de los mismos darán
mucho que hacer a las autoridades insulares; eran éstos: John Smith, Edward
Stride, John Gold, William Baker, William Ware, Thomas Simms, William Winter,
John Ware, Michael James, Melchior Devlin, Stephen Tangye, Peter Johnson y otros
varios cuyos verdaderos nombres se ignoran por desfiguración ortográfica. (En:
A. Rumeu de Armas, 1991)
1585
Noviembre 11. Fue acercándose a la
isla de Gran Canaria, en cuyo Puerto de la Luz ancló el famoso corsario Drake
con propósitos nada pacíficos.
Era
entonces gobernador y capitán general de la isla don Tomás de Cangas, y éste
dispuso inmediatamente las más urgentes medidas de resistencia. Tocadas las
campanas a rebato, congregadas las distintas compañías de las milicias isleñas
en las playas y enfilados los cañones de los fuertes sobre la flota británica,
tal aparato bélico fué suficiente para hacer desistir a Drake del intento,
alzando velas y desapareciendo por diez años de las costas de Gran Canaria. (El
único historiador, entre españoles e ingleses, que se refiere a la presencia
de la escuadra británica en aguas del Puerto de la Luz es fray José de Sosa en
su Topografía de la isla de Gran Canaria (pág.191). Bien es verdad que Sosa es
historiador Competente e informado y que da todo género de detalles sobre la
presencia de Drake, que hemos referido; pero no es menos cierto que ningún otro
documento, relación o historia, española o inglesa, hablan de esta etapa de la
expedición.)
Entonces
la escuadra inglesa, navegando con dirección noroeste, fue a dar en las costas
de La Palma, al norte de la ciudad capital, donde fue divisada por unos
pescadores tinerfeños al atardecer del día 12 de noviembre, situada a la
altura de Los Sauces. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)
1585
Noviembre 13. Francis Drake descendió
con sus navíos por el litoral de la isla hacia el sur, y apareció a la vista
de la ciudad cuando sus embarcaciones cruzaron por delante de Punta Llana. Al
mismo tiempo que Drake llevaba a cabo esta operación con el grueso de la flota
(unos diecinueve navíos), otra división de la misma, compuesta por los
restantes, se dirigía contorneando la isla por el porte, con rumbo a Tazacorte,
para fraccionar las fuerzas de la misma, restando eficacia a la defensa de los
naturales.
Desde
Punta Llana, Francis Drake organizó la flota en disposición de combate. El con
el Bonaventure a la cabeza, fue señalando
el camino a los demás navíos, que avanzaron alineados siguiendo una recta
dirección que había de conducirlos a la playa de las Norias de Bajamar, al pie
del risco de la Concepción, en la parte más meridional del término de Santa
Cruz de La Palma. A medida que los navíos avanzaban, Drake se fué separando en
vanguardia de la línea de formación, de manera que el Bonaventure
que por su poder llamó la atención de los canarios "como vela muy gruesa", era por su situación el más próximo a
tierra. Cuando los últimos navíos se hallaban situados en perfecta formación
frente a la ciudad dispararon sendos cañonazos para que todos recortasen la
marcha, y Francis Drake, respondiendo de la misma manera al aviso" se
dirigió con el Bonavelnture a cuya
popa llevaba un batel de remolque, a sondear el puerto en dirección a la playa
mencionada.
Mientras
los ingleses maniobraban de esta manera, en tierra no se desperdiciaba ocasión
para disponer y preparar el combate. Desde el día 7 de noviembre de 1585, con
la primera alarma, todas las compañías de milicias isleñas se habían
concentrado en la ciudad capital, acordando sus capitanes Luís Álvarez de
Brito, Juan Fernández Sodre y Nicolás Ortiz, en unión del teniente de
gobernador y capitán general Jerónimo de Salazar, las primeras disposiciones
de guerra. Para ello contaron también con la valiosa ayuda y colaboración del
famoso ingeniero Leonardo Torriani, que por aquellos meses residía en la isla
de La Palma dirigiendo las obras del muelle y estudiando su fortificación.
Los
capitanes visitaron las fortalezas de la capital, que eran entonces tres: el
fuerte de San Miguel o torre del muelle, artillado con cuatro cañones; el
castillo de Santa Catalina, en el que jugaban diez potentes piezas de artillería,
y el fuerte del Cabo, defendido por dos pequeños cañones. Eran alcaides de las
fortalezas de La Palma en el momento expresado, por elección de su Cabildo, los
capitanes Bartolomé González Acosta y Pedro Hernández Señorino, y puestos
ambos de acuerdo con el gobernador Salazar revistaron los fuertes, dando las
disposiciones de guerra necesarias para el posible combate.
El
capitán general Jerónimo de Salazar fue repartiendo además en trincheras y
caletas de la costa la gente que se había concentrado del interior de la isla,
de manera que en corto plazo podía darse por satisfecho al lograr movilizar
frente al enemigo todas las disponibilidades militares de La Palma. Con este
aparato bélico se mantuvo la capital durante cinco días, hasta que el 11 de
noviembre de 1585 el teniente de gobernador, creyendo pasado el peligro, autorizó
a "los hombres del campo por la falta
que hacian a las sementeras" para retirarse a sus hogares, como
efectivamente lo hicieron al día siguiente, 12 del mes mencionado. Sin embargo,
apenas tuvieron tiempo de incorporarse a sus tareas, pues en la mañana del 13
las hogueras de las atalayas los fueron llamando a todos para acudir en defensa
de la ciudad atacada.
De
esta manera, vueltas a concentrar las milicias, se situaron en las playas y
desembarcaderos de la capital las tres compañías de Santa Cruz de La Palma, al
mando de sus capitanes, los regidores Luís Álvarez de Brito, Nicolás Ortiz y
Juan Fernández Sodre, mientras fueron acudiendo del interior de la isla con la
vertiginosa velocidad característica las restantes compañías de infantería,
a tiempo unas de participaren la acción y otras con retraso, limitándose a
guarnecer a la capital con posterioridad a la misma. Eran éstas las nueve compañías
de Punta Llana, San Andrés, Barlovento, Garafía y Punta Gorda, Tijarafe, Los
Llanos, Breña Alta, Breña Baja y Mazo.
Sumaban
las tres compañías de la ciudad 450 soldados; de ellos, 174 arcabuceros y 286
piqueros; las nueve del interior de la isla, 1.395 soldados; de ellos, 426
arcabuceros y 879 piqueros; de manera, que en total la isla disponía en 1585
para su defensa de doce compañías de infantería, que sumaban 1.755 soldados
distribuídos en 600 arcabuceros y 1.165 piqueros.
Por
su parte, Bartolomé González Acosta, como alcaide de la torre de San Miguel, y
Pedro Hernández Señorino, como alcaide del castillo de Santa Catalina,
dispusieron las fuerzas bajo sus órdenes para la defensa, contando con la
colaboración del condestable Mario Cardoso y de los artilleros Nuño, Hernández,
Francisco González y Domingo Morera.
El
alcaide Hernández Señorino fue el que inició el combate, disparando la
artillería de Santa Catalina sobre los navíos de la escuadra de Drake, como
queriendo advertir al pirata que
En
efecto, el Bonaventure fue señalando
a las demás embarcaciones de la flota el camino, a seguir hacia la playa de
Bajamar, y todas ellas, manteniendo la formación primitiva en hilera, fueron
derivando por delante de la ciudad, previos los sondeos de Drake, hasta alejarse
de los tiros del castillo de Santa Catalina, situándose entre la torre de San
Miguel y la playa aunque todavía a cierta distancia conveniente de tierra.
Todos
los navíos traían, al decir del capitán general Jerónimo de Salazar, "por
sus proas zabras, lanchas, bateles y barcones llenos de gente sin muestra en
ninguna parte de bandera ni sonido de atambor".
La
fortaleza de Santa Catalina, que era la que por su extraordinario porte
divisaban los piratas desde el mar, juzgó oportuno disparar entonces sobre
ellos todos sus cañones, a pesar de hallarse la escuadra, como hemos dicho,
algo retirada de sus tiros hacia el sur.
Pero
el terrible estruendo de sus diez cañones no sirvió sino para envalentonar a
los piratas, que pudieron apreciar inmediatamente que estaban situados fuera del
alcance de los mismos.
Drake
entonces, con el Bonaventure a la cabeza, dió orden a la escuadra de acortar la
distancia de tierra para mejor herirla con sus tiros. Mas en aquel preciso
momento la torre del muelle o de San Miguel, en la que se hallaba el alcaide
Bartolomé González Acosta, dirigió sus cañones contra el Bonaventure, con tan certera puntería que sus dos primeros disparos
fueron a dar de lleno en el navío almirante produciendo importantes destrozos
en el mismo, visibles desde tierra, y según parece un trozo de metralla estuvo
a punto de segar la vida del temido pirata.
Con
ello se produjo la ruptura total de la formación de la flota, pues los demás
navíos y bateles acudieron en auxilio del Bonaventure
y le rodearon casi por completo. De esta manera ofrecieron mejor blanco a los
tiros de la torre de San Miguel, que aprovechándose del desorden continuó
disparando sin interrupción sobre la escuadra enemiga, dispersándola y produciéndole
sensibles daños en los navíos y bajas en sus tripulaciones. Entonces la
escuadra inglesa enfiló sus cañones a tierra y disparó sobre la ciudad y la
torre con escasa puntería., pues las balas fueron en su casi totalidad a
estrellarse en los riscos que cubren a la ciudad por su espalda.
Largo
rato duró el cañoneo entre la ciudad y la escuadra británica, viniendo a
comprometer la situación de la misma el viento reinante, que impedía ahora a
los navíos distanciarse de tierra. Francis Drake rehizo como pudo su formación
de combate y ordenó entonces, en un supremo intento el desembarco en la playa
de las Norias de Bajamar. Los soldados de Carleill, que desde el principio de la
acción ocupaban sus puestos en las barcazas y lanchas de desembarco, se fueron
separando lentamente de los navíos; pero la artillería de la torre de San
Miguel y la de campo de que disponían las milicias impidieron a las lanchas
avanzar. Por otra parte, la acción impetuosa del oleaje -que ese día vino a
favorecer con violencia inusitada a los palmeros- contribuyó a desordenar a los
asaltantes, obligándoles a reembarcar en los navíos.
La
escuadra de Drake se situó entonces, en actitud dubitativa, a cierta distancia
de tierra, hasta que hacia las tres de la tarde el pirata dio a sus navíos
orden de zarpar, desapareciendo de la vista de la ciudad con dirección sur.
La
personalidad celebre pirata no escapó al conocimiento de los isleños, pues por
una nao bretona que había entrado en el puerto horas antes de la presencia de
la escuadra en Santa Cruz de La Palma, súpose "que
hera armada de Ynglaterra de que venia por general Fran(cis)co Draque", lo
que llenó de entusiasmo a sus moradores por haber rechazado victoriosos a quien
comenzaba a ser la figura más representativa de la Inglaterra isabelina.
El
ataque de Drake ha dejado también su huella en los carcomidos Libros de
Acuerdos del antiguo Cabildo de La Palma, donde constan, en la sesión del sábado
16 de noviembre de 1585, algunos de los pormenores del combate, hasta que los
navíos enemigos "se fueron fuyendo
por el mucho daño que se les hizo".
En
Tenerife túvose la primera relación minuciosa del ataque el 25 de noviembre
del año mencionado, en cuya fecha el Cabildo de la isla se reunió en sesión
para acordar nuevas medidas de defensa que afectaban a esta última y a la de
Tres
días antes, el 22 de noviembre, el Cabildo de
En
aquella misma sesión compareció un mensajero de la isla de Tenerife, pues su
Cabildo se hallaba deseoso de saber el resultado del ataque, cuyo estruendo
artillero se había percibido desde distintos parajes de la isla.
Por
su parte, el capitán general y teniente de gobernador Jerónimo de Salazar
informó al Rey, el 7 de abril de 1586, dándole cuenta de los principales
pormenores del ataque, y su relación original, conservada en el Archivo de
Simancas, nos ha servido ahora para, en unión de otras fuentes, reconstruir tan
glorioso episodio histórico.
Así
finalizó el primer ataque inglés a las Canarias, en el que Santa Cruz de La
Palma tuvo el alto honor de derrotar al más grande de los piratas ingleses,
destrozándole su navío almirante y causándole daños y bajas en las
embarcaciones y tripulantes.
Años
más tarde, al escribir el famoso poeta español Juan de Castellanos,
beneficiado de Tunja, sus conocidas Elegías de Varones Ilustres de Indias en el
capítulo no impreso hasta fecha reciente titulado ‘Discurso de el Capitán
Francisco Draque’ describe el combate de Santa Cruz de La Palma en los
siguientes términos:
Las
vanderas inglesas embarcadas
por
no perder mejores ocasiones,
en
busca de las Islas Fortunadas
guian
los bien armados galeones;
pero
no las hallaron descuidadas,
antes
con necessarias municiones;
luego
La Palma saquear entiende
mas
con valor insigne se defiende.
Andu(vo
la re)friega de buen arte,
en
ambas partes salitrosos truenos,
no
dándole lugar al estandarte
contrario
para ver aquellos senos.
En
efecto, Francico Draque parte
deste
puerto con dos navios menos
y
algunas lanchas de las suyas rotas
con
los ardientes globos y pelotas.
(En:
A. Rumeu de Armas, 1991)
1585
Noviembre 16. De La Gomera la escuadra
británica derivó a la isla de El Hierro, en cuyo puerto desembarcó Drake sin
resistencia por parte de los naturales. De su estancia en ella tenemos cumplida
información no sólo por Leonardo, Torriani, sino por un mercader inglés que
habló en dicho puerto con el pirata. El 16 de noviembre de 1585 Drake
desembarcaba en la isla "treze
banderas con hasta tres mill hombres muy bien armados y en [el] dia y medio que
estuvo en una playa los exercitaba" sin descanso.
El
18 de noviembre el pirata quiso intentar el ascenso hacia la capital, Valverde;
pero de un lado, el "ser muy áspera, estrecha, alta y de mucho riesgo la subida",
y de otro, "averse levantado borrasca
de viento", le forzaron a "embarcarse sin hazer ningún daño"
en la isla.
Esta
última determinación de Drake fue acertada, pues arreciando el temporal los
navíos se dispersaron, siéndole forzoso al pirata detenerse algunos días en
aquellas aguas para restablecer la formación de la escuadra.
Cuando
el temporal amainó, Drake volvió a planear un segundo intento de desembarco en
Santa Cruz de La Palma, hasta que aconsejado en contrario por los demás
capitanes de la flota decidió aprovechar el viento favorable, que empezaba a
hinchar las velas de los navíos, para abandonar la empresa internándose en el
Océano...
Las
últimas andanzas del pirata en aguas canarias durante la expedición de 1585
tienen su reflejo en los Libros de Acuerdos del Cabildo de Tenerife, pues esta
isla estuvo especialmente preocupada en aquellos días, temerosa de un ataque
inminente por parte de los ingleses. El 25 de noviembre de 1585 el Cabildo
conoció satisfecho cómo por medio de sus avisos el enemigo había encontrado
prevenidas con todos los aprestos de guerra a las islas de La Palma y La Gomera,
y acordó seguidamente redoblar las medidas de seguridad y dar aviso al Rey del
riesgo que corrían y de los propósitos de Drake, que parecía dirigirse al
"Piru y Magallanes,".
1585
Noviembre 25. El Cabildo de Tenerife
celebra sesión para valorar los resultados del ataque de una división de la
escuadra de Francis Drake al puerto de Tedote n Benahuare (Santa Cruz de La
Palma).
Según
Rumeo de Armas: “En dicha sesión se leyó una carta de la isla, de La Palma
con los pormenores del suceso, que el Cabildo de Tenerife escuchó complacido,
al comprobar cómo sus partes y avisos habían servido para prevenir
militarmente "e a punto de guerra" a la isla de La Palma.
Además
se acordó fletar uno de los barcos anclados en el puerto de Santa Cruz para que
llevase al rey Felipe el aviso de
los navíos corsarios que merodeaban por las islas con la razón "de
sus designios. ..y como se entiende que de la mayor escuadra de ellos es capitán
Francisco Draques... el que estuvo en Magallanes..."
Por
otra parte, el mensajero debería dar cuenta al Rey de las medidas de guerra
acordadas y de "como los navios y
barcas grandes [del enemigo] a mas de dos meses que los tienen casi
sitiados".
Para
ello fue fletado el 2 de diciembre Un navío de Álvaro de Rocha, que había de
pilotar Mateo Perdomo.” (En: A. Rumeu de Armas, 1991, nota a pié de página)
Febrero de 2011.
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Continuará...