GUANCHES CON NOMBRES CATÓLICOS (II)
Capitulo I
Eduardo Pedro García Rodríguez
La invasión católica de
las islas “realengas”

Es probable que algún conmatriota (compatriota) pueda sentirse molesto por el contenido de algunos aspectos de este artículo, de antemano mis disculpas, puedo asegurarles que no me guía ningún sentimiento de animadversión hacía los fieles católicos practicantes de buena fe, por el contrario, cuentan con mi consideración y profundo respeto, pero determinados hechos históricos y sus nefastas consecuencias para nuestro pueblo fueron promovidos por el clero católico de la época y, por tanto, forman parte de nuestra Historia colonial.
Puedo
asegurarles que por razones de espacio solamente toco una mínima parte de la
documentación consultada, existen testimonios que pondrían los “pelos de
punta” a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, quizás en otra
oportunidad trataré de ellos.
Estimado
lector, al estar leyendo estas líneas demuestras que el tema tratado merece tu
atención, posiblemente ostentes nombres y apellidos españoles y ello te
induzca a pensar que desciende de los mismos, craso error, puedo asegurarte que
tienes el noventa por ciento de posibilidades de descender de guanches y no de
españoles o portugueses como con tanto ahínco se empeñan en hacérnoslo creer
los estamentos dominantes. Te recomiendo que eches un vistazo a la lista de
nombres católicos que acompaña este artículo, quizás en algunos de ellos
encontrarás rasgos comunes con tu familia.
Cuando comenzó
Es decir, el cristianismo ha sido una forma de control social en
diferentes sociedades y diferentes etapas de la historia: ha controlado la
economía, comportamiento social, etc. a lo largo de
El 13 de mayo de 1478, en Sevilla
(f.106), se confirma, a petición del secretario y cronista real Alonso de
Palencia, de la capitulación asentada por éste, en nombre de Su Alteza, con
don Juan de Frías, obispo de Rubicón, y con los capitanes don Juan Bermúdez,
deán de las islas de Canaria, y Juan Rejón, criado de la reina, sobre la
armada para la conquista de Gran Canaria y otras islas pobladas de infieles. En
dicha capitulación, Sevilla 20 de abril 1478, se concede al obispo la orchilla
de las islas mientras dure la conquista y los reyes se obligan a aportar 20
lanzas de
El 24 de junio de 1478 la flota invasora recala en Las Isletas, bajo el
mando nominal de Juan Rejón, siendo los verdaderos jefes y coordinadores de la
invasión el Obispo de Rubicón Juan de Frías y el Deán Juan Bermúdez, estos
fueron los encargados de la coordinación de la operación, el gobierno de la
parte de la isla ocupada por los europeos estaba a cargo del Obispo Juan de Frías,
siendo el capitán responsable de la invasión y conquista Juan Bermúdez, y
Juan Rejón, criado de
Celoso
el Obispo Juan de Fría de los diezmos pertenecientes a su mitra no estaba
dispuesto a que otros esclavistas mermaran el censo de sus diezmeros, por ello
denuncia ante el Consejo de Castilla a los depredadores no autorizados,
obteniendo sentencia a su favor con fecha 6 de febrero de 1478: “Sevilla
(f.119). Orden a las justicias de Sevilla e islas de Canaria y
Este grupo de naturales de Gomera, que debían ser devueltos a su isla,
el Obispo estimó más práctico emplearlos en la invasión y conquista de Tamaránt.
Pero la acción de conquista tuvo escasos resultados debido entre otras
cuestiones a las diferencias entre los capitanes invasores y a la escasez de
recursos. En este intento, tanto el obispo Frías como el deán Bermúdez
cortaron más cabezas de guanches que las tropas de Rejón.
El
Papa Sixto IV, por
A partir de ese momento el clero
invasor de la iglesia católica que ya llevaba 85 años establecida en las islas
orientales y en
La aparente defensa del clero católico de los naturales, en el fondo no
era otra cosa que una confrontación de intereses, pues los bautizados pasaban a
ser siervos de la iglesia, obligados a pagar el diezmo de sus cosechas y
ganados, además de las tarifas impuestas en los consuelos religiosos,
bautismos, bodas, entierros etc. Por este motivo la iglesia católica se oponía
a la esclavización de los naturales de los bandos de paces argumentado que eran
cristianos y por tanto no debían ser esclavizados, pero si participaba de la
esclavización de los de los bandos de guerra aunque estos estuviesen
bautizados.
El mantenimiento de la esclavitud era ciertamente gravoso para los invasores, pues les obligaba a mantener destacamentos armados para controlar a los sometidos, así como mantener normas crueles que aplicaban a los guanches que escapaban y eran capturados los cuales eran azotados hasta la muerte como ejemplo para los demás aunque estos asesinatos tolerados suponían una perdida económica para el invasor esclavista, los aplicaban con objeto de mantener el orden impuesto.
La solución, como siempre que se trata de mantener oprimido a los
pueblos, surge de la mano de la iglesia católica, esta prometía la no
esclavización de los guanches que no habían tomado las armas contra los
invasores en defensa de la matria (patria) siempre que asumieran el
cristianismos, a los que se habían defendido, no sólo eran considerados
esclavos de buena guerra, según la terminología de la época, sino que la
propia iglesia católica los esclavizada y comercializaba. Muchos templos católicos
en nuestras islas fueron construidos con el producto de la venta de nuestros
antepasados.
Mantener esclavizado a un pueblo recién dominado mediante la fuerza
armada es relativamente fácil, pero mantener la esclavitud por este medio
durante las generaciones siguientes es ciertamente complicado y costoso, por
ello es aquí donde entra la religión como forma mas barata y perenne de
continuar manteniendo esclavizado a un país, al inducir en el sometido que esa
es la voluntad del nuevo Dios. Así la iglesia católica se convierte en la
verdadera garante de la continuidad de la esclavitud.
Así el clero católico dirigió todos sus esfuerzos catequizadores a
inducir en la mente de los neófitos sometidos la aceptación resignada del
estado de sometimiento como designio
de Dios y, por consiguiente, el revelarse contra su estado de esclavo sería
oponerse a la voluntad divina, con lo cual, con toda seguridad, sus almas estarían
por toda una eternidad condenadas achicharrándose en las calderas de aceite
hirviendo de Pedro Botero en el infierno. Esta prédica caló en la mente de
los sometidos debido a la profunda espiritualidad innata del pueblo
guanche y sus creencias ciertas de que después de la muerte el espíritu libre
viaja al Seno de Majek. Así tenemos que en la generación siguiente los
esclavos no ofrecían resistencia a su condición de tal, aceptándola como un
mandato divino, además había un Cristo para los esclavos y otro para los
hombres ricos y libres.
En
Durante siglos
No debemos perder de vista que el término aborigen tiene un carácter
peyorativo, discriminatorio, pues mantiene presente el discurso neocolonial y
las relaciones sociales de dependencia económica, social, política y cultural
de los conquistados en relación con los conquistadores. El término, además,
está asociado con seres que aún no han llegado al estadio de la
"civilización" e implica la infravaloración de la identidad e
historia de sociedades a las que se consideran diferentes e inferiores. (J.
Farrujia de
Los bautismos masivos por
el rito católico
Al igual que ayer, la iglesia es una institución que resguarda los
sagrados intereses de la clase colonial. Es un poder de Estado o arma ideológica
de los colonizadores para idiotizar a los pueblos sometidos hasta saquear el último
céntimo de las riquezas de un país. De ahí que no es de extrañarse que la
iglesia haya salido en defensa de sus "pobres angelitos" capitalistas
que destruyen a la sociedad canaria proliferando toda clase de vicios, no hay
que olvidar que sobre nuestras mentes pesa una programación imperial de mas de
500 años donde la religión católica ha sido el arma fundamental para la
dominación.
Es a partir del siglo XI que la nobleza europea empieza a acompañar su
nombre personal con la fórmula "de + topónimo" para marcar de alguna
manera sus posesiones territoriales.
Del mismo modo, las clases populares se valen de una construcción
similar a la anterior, en que el topónimo puede ser menor (Vall, Coma, Vinya) o
de la población, zona o país de procedencia. Además, con el tiempo, el
conjunto de lo que después será los apellidos se enriquece con elementos
procedentes de apodos, circunstancias del nacimiento, fórmulas de buenos
augurios, etc.
Es a partir del siglo XIV cuando podemos afirmar que el apellido se fija
a una determinada familia y se transmite, más o menos rígidamente, de padres a
hijos dando lugar a los linajes.
La fijación ortográfica de los apellidos, con muchas matizaciones y muy
sometida a la influencia de las lenguas dominantes en cada momento y lugar, se
consolida a partir del Concilio de Trento (1545-63) que establece la obligación
parroquial de llevar libros de registro sometidos a la revisión y aprobación
de los obispos en las visitas pastorales.
La norma general, al menos entre las clases populares, fue el empleo de
un solo apellido hasta bien entrado el siglo XIX. Algunas veces se añadía a
este apellido algún modificador que ayudara a la distinción entre personas del
mismo nombre y apellido en una determinada sociedad ("mayor", “el
viejo” “el mozo” apodos
diversos, nombres de casa, topónimos de origen o residencia). Hay que decir,
que la costumbre de la nobleza de usar el apellido paterno más que el
materno fue imitada en mayor o menor medida por otras clases sociales.
La regla de sucesión del mismo apellido de padres a hijos no se siguió
siempre de manera estricta, siendo frecuente que uno o varios hijos de un mismo
matrimonio ostenten apellidos diferentes a los de sus padres. (Tomado de:
www.scgenealogia.org/pdf/apellidoscatalanes.pdf)
En 1496 sucede en el obispado de Canarias
Diego de Muros, natural de la villa de Muros de Noya, en Galicia (España),
de la cual tomó el apellido, siendo deán de Compostela al ser elevado a la
dignidad de obispo de Canarias. Cuando llegó a Wniniwada (Las Palmas) se
hallaba ya conquistada la isla de Chinech (Tenerife,) en cuyo repartimiento de
las tierras usurpadas se le asignaron ciertos terrenos que luego donó a las
iglesias de
Su primera diligencia fue celebrar sínodo en su Catedral, siendo el
primero que tenía lugar en la colonia desde la creación de la diócesis.
Las constituciones aprobadas dan una idea exacta del estado moral de la
colonia en aquella época y llevan la fecha de 23 de octubre de 1497.
En ellas se manda abrir en cada parroquia libros de bautismos, expresando
en cada asiento el día, mes y año, los nombres del bautizado y los de sus
padres, abuelos y padrinos. Fundado en la poca gente que había en las islas y
en la necesidad de disminuir los impedimentos de parentesco espiritual, se
ordenaba que sólo asistiesen como padrinos una persona de cada sexo.
Es sabido que las autoridades coloniales españolas no dejaron nada al
azar en la lucha que mantuvieron con en esta colonia durante todo los siglos
XV y XVI; persiguen toda práctica, toda costumbre que se aparte de
La iglesia católica, celosa siempre del control de su rebaño, vigilaba
escrupulosamente que sus neófitos no portasen nombres autóctonos. Con algunas
raras excepciones permitidas a algunos notables a los cuales en un principio se
les toleró su nombre de origen, pero que con el transcurso del tiempo fue
creando mecanismos sociales que obligaban a estos a renunciar a sus nombres
originarios.
“
... Así somos informados que algunos de los nuevamente convertidos se llaman
nombres y sobrenombres de guanches; mandamos que de aquí adelante no se lo
llamen, y si alguno de ellos tiene agora nombre o sobrenombre que suene a
guanche, lo quite y no se lo llame más y tome otro nombre de cristiano..."
Pero ni el nombre cristiano ni el guanche se imponen en circunstancias
fortuitas. La imposición del nombre coincide con la consagración del niño a
dios. De ahí que las autoridades civiles y eclesiásticas españolas tengan
imperiosas razones para interesarse por un fenómeno aparentemente poco
importante. Dada la estrecha relación existente entre nombre y bautizo, no cabe
la indecisión o la indulgencia; todo aquel que no tiene nombre cristiano o no
lo utiliza, no es cristiano. Por ello ponen mucha insistencia en que los niños
guanches sean bautizados y que sus padrinos sean cristianos viejos. Una cédula
de 20 de junio de 1511 hace obligatoria esta última disposición, confirmada en
repetidas ocasiones a pesar de las protestas de la comunidad guanche.
¿Cómo lograr que el padrinazgo pasase de ser una obligación a ser una
opción? ¿Cómo conseguir que el acto del bautismo implicase un parentesco
espiritual entre padrino y ahijado, un contrato otorgado por ambas partes? Esto
entrañaba una considerable dificultad que las autoridades españolas del siglo
XVI se vieron obligadas a afrontar. De ahí que aparecieran textos normativos
sobre el tema de la elección de padrinos y madrinas, textos cuyas vacilaciones
y silencios reflejan la confusión, por no decir la perplejidad, de los
legisladores.
El padrino (o la madrina) debe estar bautizado, tener uso de razón,
tener intención de cumplir su misión, no pertenecer a ninguna secta herética
o cismática ni pesar sobre él una sentencia de excomunión. Se consideraba que
los guanches estaban muy superficialmente cristianizados -por no decir que no lo
estaban en absoluto- como para confiar en ellos. Además, se esperaba que la
presencia y el celo de unos padrinos cristianos viejos impidiesen los ritos que
acompañan al nacimiento o los primeros días de vida del guanche.
Los nombre propios guanches comienzan a disminuir a partir del 25 de
julio de 1496, cuando se firma el pacto de
Los Realejos, aceptado por la mayoría de los confederados en la lucha
contra los invasores, pacto que no fue asumido por el último Mencey de Taoro
Bentor, digno heredero de las virtudes heroicas de su padre el gran Kebehi
Benchomo, prefiriendo el suicidio ritual arrojándose al vació desde el Risco
de Tigaiga antes que rendirse a los invasores españoles. Tampoco aceptaron la
rendición un número considerable de notables así como un importante grupo de
guerreros que optaron por continuar la defensa de la matria (patria) replegándose
a lo más abrupto del territorio. Estos guerrero posteriormente fueron conocido
como los alzados.
Con este acto de Los Realejo comenzaron los bautismos masivos por el rito
católico. Algunos cronistas recogen que en dicho acto los Menceyes que se habían
sometido y sus familias, fueron bautizados en un librillo de barro barnizado de
verde, el rito fue dirigido por el clérigo invasor Rui Blás, de la secta católica
que acompañó al masacrador Alonso Fernández de Lugo en la conquista de esta
Isla Chinech (Tenerife.)
Como consecuencia de la cristianización, además de desintegrarse los
sistemas religiosos, políticos, económicos
y culturales que existían en la sociedad precolonial, los guanches sufrimos una
perdida del sentido de nuestras vidas y de la existencia de nuestras
comunidades. En medio de ese desmoronamiento se introdujeron las bases de la
cultura española. El primer paso consistió en despojar al individuo de su
identidad despersonalizándolo. Para ello se le obliga a renunciar a su nombre
autóctono y se le sustituye por
otro cristiano.
A partir de ese momento en los incipientes núcleos de población de
corte europeo fue como si los guanches hubiésemos dejado de existir, a pesar de
que caminábamos por sus embarradas callejuelas ya no se nos reconocía, nos habían
obligado a abandonar nuestra vestimenta tradicional y a vestir de burdos paños
de gruesa lana o basto lino, suministrados a precios abusivos por mercaderes sin
escrúpulos. Se nos obligó a renunciar a nuestros sonoros y melódicos nombre: Tigáyga;
Teguayco; Sunta; Rosalía; Rukaden: Ruyman: Sebensuí; Romén; Círma; Collarampa;
Dácil; Tenesoya Vidina; Ayoze;
Doramas; Taoro: Tahodio; Chaurero; Teyda; Garachico; Guadameñe; Pelinor;
Roesmo; Ramagua; Chindia; Agoney;
Aniaga; Faina; Guadarfía, Guanareme: Teguise; Armiche; Amaluyge; Mayantigo:
Atanausú; Aythamy; Arminda; Benthejuí; Guayarmina; Kataysa; Abora; Guanche; Abenaura;
Abenchara;
Acerina;
Adasat;
Anagua; Arecida; Aremoga; Chaxiraxi; Chimaye; Dafra; Daida,
Daniasa,
Meagens, Moneyba,
Tassa, Tassat, Talegaza,
Tazirga,
Tegina,
Tegueyga,
Tenercina;
Abian; Abtejo; Adargota; Aday;
Adargota; Adxoña; Azur; Aguahuco; Aguaberque; Uramas o Doramas; Chimenchia:
Benchomo; Bentor; Archinife; Akaymo; etc.,
Muchos de estos nombres si queremos oírlos en la actualidad tendríamos
que desplazarnos a América donde los descendientes de los forzados emigrantes
canarios los han perpetuado y donde muchos de ellos perduran hoy en día como
apellidos ostentados por relevantes personajes de la política, las artes, las
letras, la medicina, las ciencias etc. En cambio en nuestra matria fueron
ninguneados y eliminados, sustituidos por los Pedro; Antón; Fernando; Luis;
Gonzalo; Petra, María, Josefa, Ana,
Luisa, Diego, Antonio, Alonso, Jorge, Bernardo, Eduardo, Felipe, etc.
etc.
La
participación del clero católico en la esclavización del pueblo guanche
Para cualquier religión medianamente sensible un rito sagrado lo es sin
duda el acto de purificación o bautismo, pero este no fue el caso para la
iglesia católica establecida en esta colonia. Dicho rito fue utilizado por los
invasores para esclavizar a nuestros ancestros en actos ciertamente desalmados
propio solamente de gentes de la más baja condición humana, de vándalos
carentes del mínimo sentimiento de dignidad.
Pero lo más censurable de estos execrables actos, es que la iglesia católica,
otrora supuesta defensora de los naturales, no levantó la voz a favor de
nuestros ancestros ni denunció estas tropelías, a pesar de ser públicas y
notorias, porque indudablemente era mucho más rentable la complicidad que el
recabar justicia para los sometidos.
Alonso de Lugo era generoso -siempre que no le afectara al bolsillo
propio-, con aquellos que secundaban sus planes sin cuestionárselos. De ello
poseemos abundante documentación, por lo que no es de extrañar su largueza con
el obispo Muros y con el clérigo portugués Rui Blas, quienes indudablemente
fueron cómplices en la esclavización de cientos de nuestros ancestros.
En 1496, conforme queda dicho,
sucede en el obispado
de Canarias Diego de Muros,
natural de la villa de Muros de Noya, en Galicia (España), de la cual tomó el
apellido, siendo deán de Compostela al ser elevado a la dignidad de obispo de
Canarias. Cuando llegó a Winiwada (Las Palmas) se hallaba ya ocupada la isla de
Chinech (Tenerife,) en cuyo repartimiento se le asignaron ciertos terrenos
situado en
El 25 de julio de 1496, uno de los Capellanes de la secta católica que
acompañó al invasor Alonso Fernández de Lugo en
Al hacerse más tarde el reparto como botín de guerra de las tierras
usurpadas entre los invasores conquistadores, se le agració a título personal
al clérigo esclavista Rui Blás con una Data en Icod; consistente en las
tierras que se sitúan en la cordillera que por el Occidente cierra el Valle de
Icod, que aun conservan el nombre de aquel clérigo, y entonces se prolongaban
hasta la orilla del mar, donde hoy está la finca de
El investigador Antonio Rumeu de Armas nos ofrece una documentada visión
de los hechos:
“Una vez finalizada la conquista, los atentados contra la libertad de
los guanches de las paces fueron reiterados. Véanse como ejemplo las denuncias
que formula contra su censurable actuación Francisco de Albornoz, “para
guardar su ánima y conciencia” de los remordimientos que le embargaban: “Se
le acuerda al tiempo que se ganó la isla, él fue conquistador, y después de
ganada, el gobernador hizo llamar y traer ante sí algunos clérigos, estando en
el reino de Taoro, hasta cien almas de guanches de esta isla, los cuales eran
del reino de Tegueste, y estaban subidos en un risco de la sierra diciendo que
querían ser cristianos. Venidos ante el gobernador y los clérigos, los
bautizaron y tornaron cristianos, y, después de bautizados, los hicieron
embarcar forzosamente y los llevaron a vender, y algunos de ellos vendieron en
la isla. Esto parece al testigo contra razón, porque decían que querían ser
cristianos y vivir en su tierra, y no les fue hecha justicia.”
Como los guanches de Tegueste, refugiados en el reino de Taoro, pero
pertenecían a los bandos de guerra, jurídicamente podían ser reducidos a
esclavitud, de acuerdo con las prácticas de la época, que no reconocían al
bautismo en general virtudes liberatorias si era recibido en estado de
servidumbre. Lo que se censura es el procedimiento: la trampa y el engaño
utilizados para la captura, máxime invocando una finalidad espiritual.
En cambio, lo que no tiene perdón fue la fechoría cometida con los
guanches de Abona, Adeje y Anaga, por la triple circunstancia de pertenecer a
los bandos de las paces, la ocultación perpetrada al obispo de Rubicón-Canaria
de las perversas intenciones de captura a traición, y, lo que es aún más
grave, la artera y sacrílega maniobra de utilizar un siniestro sicario
disfrazado de prelado para sucios fines de lucro a costa de indefensos seres
humanos
En 1497 había estado en Tenerife, en visita pastoral -como acabamos de
referir-, el obispo de Rubicón-Canaria don Diego de Muros, circunstancia que
aprovechó para impartir personalmente el bautismo a infinito número de
guanches. Pues bien, véase ahora lo que nos revelan dos testigos de cargo.
El primero, Alonso de las Hijas, confiesa que…“los canarios de Abona
e Adexe... heran de paces, e avían servido a Sus Altezas al tiempo de la,
conquista... contra los otros canarios que heran en deservicio de Sus Alteza;
e el obispo asimismo los mandó veenir diziendo que se viniesen a tornar
Cristianos, y ellos vinieron a
Más repugnante es la declaración de Francisco de Albornoz. Este
destacado mílite atestigua: “Después no se ha guardado justicia;
especialmente otra vez, al dicho tiempo, el adelantado [Alonso de Lugo] hizo
traer ante sí a los guanches del reino de Anaga, unas doscientas ánimas entre
hombres y mujeres, los cuales eran de paces, y en la conquista ayudaron a
conquistar a los otros en favor de Sus Altezas. No se acuerda si los tornaron
cristianos o no, pero vio cómo los cautivaron y enviaron a vender. Y asimismo
en dicho tiempo, el adelantado hizo parecer ante sí hasta doscientos guanches
del reino de Adeje y de las paces, que asimismo ayudaron a conquistar los otros.
En esta manera y con tal engaño que como estaban escarmentados de lo pasado,
pusieron en un corral, cercado de piedra, un hombre (que se dice Sepúlveda) y
cubriéronlo de ropa y dijeron que el adelantado les llamaba para que viniesen a
tornar cristianos, que estaba allí el obispo, y al momento que los tuvieron
dentro en el corral, los cautivaron y los repartieron y embarcaron por cautivos.
Hoy sabemos, por las denuncias que luego se formularon, que el número de
los cautivos de los reinos de las paces pasaron de mil, de 1os cuales permanecían
en Tenerife, en 1498, unos trescientos. Otro importante grupo de guanches horros
los tenía ocultos, en sus posesiones de Sanlúcar de Barrameda, don Juan
Alfonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia; era parte del precio de la
colaboración prestada en la conquista de la isla.
Las quejas contra la censurable conducta del conquistador se dejan sentir
en la corte en las postrimerías de 1497. Portavoz de los oprimidos será el
mensajero Rodrigo de Betanzos, quien aboga con tesón en defensa de los guanches
de las paces, víctimas de inicuas vejaciones.” (A. Rumeu de Armas, 1975:
403-481)
Está ampliamente demostrado documentalmente que la mayoría de la
población guanche sobrevivió a pesar del holocausto que supuso las masacres
persecuciones y esclavizaciones llevadas a cabo por los españoles durante los
primeros tiempos de la invasión y conquista de la isla, especialmente en los
menceyatos denominados de paces. La rápida imposición de nombres católicos a
la población guanche quedó registrada en los libros parroquiales y en los
protocolos notariales, en los que por cierto no deja de ser curioso los
encabezamientos de los testamentos los cuales seguían un formulario oficial
dictado por la iglesia católica en lo que se daba por supuesto
los deseos de testamentarios en cuanto a la mandas dedicadas a la
iglesia.
A estas familias de las bandas del sur de origen guanche se refiere el
viajero escocés George Glas en el año
1764, aclarando que en el siglo XVII "...se
conocía la diferencia entre muchos guanches y los españoles; pero ahora
[año 1764] están mezclados, a excepción de algunas pocas familias por
Candelaria, Güímar y Chasnia [sic por Chasna]". Este curioso viajero británico
tuvo oportunidad de conocer a las familias chasneras que a mediados
del siglo XVIII, dos siglos y medio después de la
conquista de la isla, se preciaban de ser descendientes puros de
guanches, sin mezcla con europeos. Glas las describe así:
"...ambas ciudades [Chasna y Güímar] tienen algunas familias que
viven en ellas, que se
consideran a ellas mismas como los auténticos descendientes de los guanches.
He visto y he hablado con esas personas, pero no
pudieron satisfacer mi curiosidad en ninguna cosa que se refiera a los
hábitos y costumbres de sus antepasados, cuyo lenguaje han perdido por
completo. Me parecieron ser de una tez más blanca que los españoles
de la provincia de Andalucía". (Goerge Glas, 1982:80). Este
viajero escocés prueba a través de su testimonio cómo, más de 250 años después del fin de la conquista de Tenerife, todavía existían
familias en Chasna (que en aquella
época se extendía también por Arona y San Miguel) que se consideraban descendientes de los guanches, sin mezcla con
europeos.
Debemos tener en cuenta que no todos los que fueron bautizados por el
rito católico generaron documentación escrita, aún así, es muy abundante la
generada por las familias guanches más notables mediante contratos y últimas
voluntades. Al final de este trabajo ofrecemos un amplio listado de guanches con
nombres católicos, los cuales hemos agrupado por nombres de pila ya que al
principio de la cristianización a nuestro ancestros solamente se les imponía
el nombre de pila, fue posteriormente a finales del siglo XVI cuando comenzaron
a aplicarles apellidos.
Tal como recoge el historiador Nelson Díaz Frías, refiriéndose a la
población autóctona de las bandas del sur de
De algunas de estas familias
guanches ha quedado rastro en la documentación de la época, precisamente
por su condición de nobles en la estratificada sociedad aborigen. Además,
seguramente, entre los habitantes de Chasna que figuran en los registros
sacramentales, a partir de 1570, se deben encontrar numerosos descendientes
de guanches cuyos nombres y apellidos europeos, en la mayor parte
de los casos, hace imposible determinar su verdadero origen, salvo en
los supuestos de guanches pertenecientes a familias de origen noble, algunos
incluso descendientes de los menceyes sureños, en los que precisamente
su distinguido origen permite, con la ayuda de informaciones de nobleza
o testamentos, salvarlos del anonimato en el que seguramente se encuentran
otros muchos de sus hermanos de raza, difuminados junto con pobladores
castellanos y portugueses con sus mismos nombres y apellidos en los registros
parroquiales conservados.” (Nelson Díaz, 2002:87)
Recordar que en
Archipiélago
Canario, Agosto de 2009.
Capítulo anterior:
Guanches con nombres católicos (I)