HÉROES
DE LA NACIÓN
CANARIA
(II)
Eduardo
Pedro García Rodríguez *
CAPITULO II

Batalla de Acentejo. G. Robayna. Óleo
sobre lienzo. 68 x 136 cm
. Museo Municipal de Bellas Artes. Santa Cruz de Tenerife.
BENCHOMO:
Expr.
t. Benchomo, Benitomo, Bentomo, Ventomo. Ú. m. Bencomo (por lectura latinizante
del dígrafo ch).= benčom
< *we-n-ytum, comp. m. fig. ‘ambicioso’.*wa-n,
we-n, pl. wi-n, m.; ta-n, pl. ti-n, f. loc. det.
de [W/T+N] ‘el/la de’.*yətum
> (i)čom, n. vb. m.
sing. de [T·M] ‘anhelo, ansia’, ‘ensoñación’. (Ignacio Reyes).
Una de
las figuras más importantes en los días tristes de la invasión y conquista de
la Isla Chinech (Tenerife) fue, sin duda alguna, la del Mencey de Taoro, jefe de
los confederados, para hacer frente a la invasión española,
Kebehi Benchomo, denominado por los propios españoles como el Rey Grande
de Tahoro.
Benchomo ó Benitomo, también denominado Quebe-ey el
esforzado, el cual era viudo é hijo de Quehebi Imobach, y su madre
se llamaba Caseloria, la que era hija del príncipe Serdeto de Anaga.
Uno
de los acontecimientos históricos más importantes desarrollados durante el
expansionismo del entonces naciente imperio colonial español, tuvo lugar en la
comarca de Acentejo: “Expr. t. Acantejo, Açentejo,
Asentejo, Centego, Centeio, Centejo, Çentejo, Centexo, Sentejo, Sentexo,
Zentexo.― azentegho < *azen-teγăwat,
comp. m. sing. lit. ‘resonancia continua’. *a-zen, n. vb.
m. sing. de [Z·N] ‘resonancia, zumbido, retumbo’.*te-γăwa-t
> tegho, n. vb. f. sing. de [Γ·W] ‘retumbar, resonar (sonido,
grito humano o animal, cuerno, etc.)”. (Ignacio Reyes). Sitio que a partir de
entonces tomó el nombre de La Matanza de Acentejo en Chinech (Tenerife). En este
lugar, las tropas mercenarias dirigidas por el destacado mercenario, traficante
de esclavos y masacrador de pueblos al
servicio de la corona española, Alonso Fernández de Lugo, vio doblada su altiva
e insolente cerviz, ante el más grande caudillo que ha tenido la Matria
(patria) Canaria, el grande entre los grandes de su tiempo, Kebehi Benchomo.
“La
batalla de Acentejo supuso la mayor derrota sufrida por las tropas españolas en
sus conquistas imperialistas, no sólo en Canarias (cuya conquista duró casi un
siglo), sino que, en las innumerables batallas sostenidas por la conquista del
Continente americano, las tropas españolas jamás tuvieron una pérdida de
hombres como la que sufrieron en el encuentro de La Matanza de Acentejo, donde
un cuerpo de ejército guanche compuesto por 300 hombres dirigidos por el
Achimencey Chimenchia/ Tinguaro, (hermano de Kebehi Benchomo), infligió al ejército
invasor la mayor derrota que jamás sufrieran los ejércitos españoles en sus
aventuras coloniales durante la baja Edad Media.
En
cuanto a la cantidad de efectivos que componían el Ejército expedicionario
invasor los cronistas no coinciden en sus apreciaciones, así Fray Alonso de
Espinosa aventura que las tropas invasoras estaban compuesta por unos
novecientos hombres, sin que mencione a los caballos y a la artillería.
Por su
parte, el ingeniero de fortificaciones el cremonés Leonardo Torriani, al
servicio de la corona española en su "Descripción de las Islas
Canarias" nos dice que la expedición invasora constaba de unos mil
soldados y cuarenta caballos. Ambos cronistas están totalmente herrados en sus
apreciaciones como veremos a continuación, es bien conocido lo aficionados que
eran los cronistas de la conquista a dar cifras exageradas del numero de los
enemigos y a reducir el de las tropas propias, tanto en número de operativos como
en las bajas habidas de uno u otro bando, por ello vamos a tratar de
aproximarnos al número real de mercenarios que componían el ejército invasor.
En Cédula
de 29 de diciembre de 1493, se dicta el convenio para el transporte de las
tropas desde la metrópoli a Gran Canaria, en éste, quedó estipulado como límite máximo para el embarque de la totalidad de las huestes mercenarias,
reclutadas la fecha 15 de marzo de 1494, que se componían según el asiento, de:
“...mil e quinientos peones e çiento de caballo, y además estipula
que, e de las islas de Canaria, que están pobladas de Cristianos, cuatroçientos
peones e sesenta de caballo...”. Por este documento queda claro que, el ejército
conquistador reunido en la Isleta, (Gran Canaria), constaba de 1.900 peones y
160 caballos, para cuyo transporte, según testimonio del propio Alonso Fernández
de Lugo, se emplearon 30 navíos, a éstos habría que sumarles los guanches
aportados como auxiliares -a quienes Lugo les debió la vida-, por los Menceeyes
de Naga, Güímar, Abona y Adexe los cuales podemos
cifrar a la baja en unos 600 guerreros, teniendo en cuenta que de los restos de
las hordas de Lugo que alcanzaron el lugar de Añazu (Santa Cruz) después
de la derrota de Centejo, estos lograron embarcar con engaños a 300 de los
auxiliares güímareros (los cuales fueron vendidos como esclavos en España),
nos induce a pensar que el número de auxiliares fue mayor del que proponemos,
por tanto, el total estimado para el contingente invasor es de 2.500 peones y
160 caballos, este dato queda corroborado por el historiador don Tomás Marín
de Cubas, quien posiblemente lo tomó de A. Cedeño y que refiriéndose a la
segunda entrada de los españoles dice: ."Buscáronse espías y dieron
por aviso que no tenía gente junta de pelea para venir a buscarlos a la playa,
porque había gran mortandad en la tierra, o ya fuese por estar apestados por la
corrupción de más de 2000 cuerpos que quedaron por enterrar el año
pasado en la batalla de Centejo...".
LUGAR
DE LA BATALLA: Desde el
campamento de Jardina (zona que abarca desde la actual Gracia, Los Rodeos
hasta Las Mercedes o Venhu) el ejército invasor se puso en marcha con grandes
precauciones, pues durante su marcha hacía el Valle de Tahoro eran hostigados
continuamente por algunas partidas de guanches de los Menceyatos de Tegueste y
Tacoronte, que les hostigaban por los flancos.
El
ejercito invasor continuo su avance hacía Tahoro sin mayores dificultades, por
el camino se iban apropiando de numerosos rebaños de ganados que pastaban
aparentemente abandonados y que, por la natural rapiña de los mercenarios, éstos
se resistían a dejar en el campo, así continuaron hasta la altura de la actual
Cuesta de la Villa, donde decidieron hacer un alto y formar consejo de oficiales
para determinar las medidas a tomar. En el consejo prevaleció la opinión de
retornar al campamento de Añaza con la cuantiosa presa de ganados que
tenían, seguidamente iniciaron la contra marcha hacía Eguerew (La
Laguna). De esta manera tan poco estratégica retrocedía la vanguardia ufana con
la rica presa, cuando en el aire sonaron unos agudos silbidos y ajijides que
pusieron en movimiento desordenado a los hatos de ganados, al tiempo que caían
grandes piedras y troncos de árboles sobre las sorprendidas tropas españolas,
los banotes hendían el aire yendo a encontrarse bruscamente con los
pechos de los mercenarios traspasando sus corazas.
Pasado
los primeros momentos de estupor en el Ejército invasor, cada uno buscó, por
instinto, un grupo donde apoyarse y, sin previo concierto, entregados a su
propia iniciativa, se organizó una especie de defensa por pelotones ante la
imposibilidad de maniobrabilidad de los caballos, el arma más efectiva de las
tropas españolas. Bien pronto la línea del frente quedó convertida en un
amasijo de cadáveres de hombres y caballos. Toda defensa ante el empuje guanche
era inútil, en el fragor de la batalla destacaron por su arrojo y valentía Chimenchia,
Sigoñé, Guadafrá, Arafo, Tigaiga y otros significados capitanes de
Benchomo y sus aliados.
La
derrota del Ejército español en la batalla, que después pasaría a conocerse
como de La Matanza de Acentejo, fue total. De las tropas españolas,
solamente logró sobrevivir un grupo de unos trescientos, de los que la mayoría
eran canarii y algunos portugueses que a nado se refugiaron en una baja de la
costa, y otro de unos treinta que lo hizo en una cueva, como veremos más
adelante. Entre los hechos recogidos por los cronistas destacan tres que merecen
ser narrados. El primero, la vergonzosa huida a uñas de caballo ayudados por
algunos auxiliares güimareros del capitán Alonso Fernández de Lugo y, parte
de su plana mayor, quienes abandonando a su suerte lo que restaba de sus tropas
y, atravesando Chicayca (La Esperanza), ganaron la seguridad del torreón
de Añazu (Santa Cruz). El segundo, es que, llegado Benchomo (quien se había
quedado en los campos de La Orotava en previsión de un ataque por parte
de los bandos confederados con los españoles, según algunos autores, o para
cortar la retirada de los invasores si estos hubiesen decido replegarse a Tahoro
según otros), en las postrimerías de la batalla encontrando a su hermano Chimenchia
sentado en una piedra, le recriminó de la siguiente manera: -¿cómo es esto
hermano, mientras tus hombres se baten con el enemigo, tú estas holgando?.- A
lo que respondió Chimenchia, -hermano, yo he hecho mi oficio de capitán
que es conducirlos a la victoria, ahora los carniceros hagan el suyo,- dando a
entender con ello que un caudillo no tiene que mancharse las manos con la sangre
de los vencidos si no es en defensa de su vida. El tercero, es el que un grupo
de unos 30 de soldados, posiblemente informados por los isleños aliados, buscaron
refugio en una cueva, los cuales, concluida la batalla, obtuvieron la misericordia
y ayuda de Benchomo, quien los hizo conducir sanos y salvos al campamento español
de Añaza.
Esta
aptitud benevolente por parte del régulo tahorino se explica si, como creemos,
los mercenarios se refugiaron en la Cueva Santa del Sauzal o en la necrópolis
de la
En el
glorioso día de la batalla de La Matanza de Acentejo, las armas españolas
sufrieron la mayor humillación que jamás les fuera infligida durante su larga
etapa imperialista de colonización y ocupación y masacre de otros pueblos.
Esta derrota les fue infligida por un grupo de solamente 300 guerreros guanches
de los Tabores de Taoro dirigidos por el indómito Sigoñe Chimenchia /
Tinguaro.
¿DÓNDE FUE EL CAMPO DE BATALLA?
Uno
de los aspectos que más interés ha despertado entre los investigadores ha sido
localizar el lugar exacto donde tuvo lugar el enfrentamiento, en este aspecto,
quizás el trabajo mejor desarrollado sobre el particular, y sin lugar a dudas,
se debe al Amusnau tinerfeño don Juan Bethencourt Alfonso, por tanto,
dejemos que sea él quien nos sitúe en el lugar exacto de los hechos.
"...Aunque
sobrecarguemos estos antecedentes corriendo el riesgo de parecer difusos, no
podemos menos que insistir en ciertos detalles para comprender las evoluciones
que hizo el ejército invasor, por ser indispensable para precisar el campo de
batalla y la causa de la derrota.
Los
historiadores y la tradición están de acuerdo en el hecho de que el combate se
libró en el Barranco de Acentejo (nosotros diríamos a partir del barranco
de Acentejo), pero no lo están respecto a un sitio determinado. Unos dicen,
han oído a sus mayores que la batalla tuvo lugar en las Guardas, próximo a la
montaña de la Atalaya; otros que fue en el fondo del barranco de
Acentejo, por el sitio que lo corta el camino de San Juan; Algunos afirman que
este punto del barranco fue por donde lo atraviesa la calle de El Medio, y no
pocos señalan diferentes lugares del camino de San Juan a la ermita de Guía,
con especial Las Toscas de los Muertos o Callejón de Centejo,
que se extiende a lo largo del borde Norte del barranco de Acentejo o de San
Antonio, entre la carretera y la ermita de Guía.
Indudablemente
hubo refriegas en todos estos sitios, que estaban en la línea de operaciones o
camino de retirada que tomó la vanguardia del ejército, cuando ya sólo se batía
para abrirse paso y salvar la vida, como lo consiguieron varios.
Para
nosotros es evidente que el verdadero campo de batalla, o sea la región en que
se preparó la sorpresa, fue a lo largo del camino de Santo Domingo, que
atraviesa el caserío de Bubaque, a partir a del barranco de Acentejo, o
séase del punto de unión de los caminos de los guanches o Centejo de
Abajo con el de Acentejo o Real de San Cristóbal, que se
verificaba, como queda dicho, en el borde Norte del barranco de Acentejo.
Como
quiera que de todos los lugares señalados sólo la parte del barranco de
Acentejo, que está atravesada por el camino de San Juan, es la que más se
indica por los historiadores como en la que tuvo lugar la derrota, y por
otra parte se sabe que este combate se libró sobre el camino que llevaba el ejército
y en el barranco de Acentejo, sólo falta que dilucidar si el antiguo
camino de o Real de San Cristóbal pasaba por el hoy camino de San Juan o por el
de Santo Domingo.
No hemos
encontrado ni sabemos exista ningún documento que resuelva de plano este
asunto; por manera que hay que resolverlo "a posteriori" y por
deducción.
Creemos
que el antiguo camino de Acentejo bajaba a lo largo del borde Norte del barranco
de San Antonio, hasta llegar a unirse en la ermita de Guía con el de los Guanches,
que después unidos cortaban el barranco y se continuaban por el que hoy lleva
el nombre de Santo Domingo.
1º.
Porque según la tradición el camino de San Juan, si bien antiguo, es más
moderno que el que va para abajo hasta la ermita de Guía. Entre estas
tradiciones se halla la que ya contamos respecto a los numerosos rebaños del
"principado" de Acentejo, que al pasar por este camino de 28 varas de
ancho lo cubrían por completo desde la ermita de Guía hasta la montaña de
la Morra. Además, si se estudia el camino de San Juan se ve que fue abierto
después de la conquista para las necesidades agrícolas de los nuevos caseríos
o pueblos de la Victoria, pues no lleva la dirección de las llanuras de
Acentejo.
2º. Que
aún viven ancianos que vieron, antes del trazado de la carretera y las
nuevas roturaciones, que seguía el camino de San Cristóbal hasta la ermita de
Guía, de más de 15 varas de ancho pero que se fue perdiendo a medida que
ganaba el de San Juan, convirtiéndose al fin en una vereda.
3º. Que
como se sabe que el camino del Real de San Cristóbal o de Acentejo iba
para las llanuras de este nombre puestos en el terreno se observa que para que
así suceda es tanto más fácil -por no decir necesario- cuanto mas se baja hacía
la ermita de Guía; y que si el camino de Acentejo hubiera llevado la
dirección de San Juan, para ir a Tahoro no se pasaría por dichas llanuras de
Acentejo.
4º.
Porque colocados sobre el terreno a ninguna otra región de los contornos
es aplicable el sitio en que dice se dio la batalla la siguiente data,
concedida en 1503:
"Yo
el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo, Adelantado de las islas de Canaria,
Gobernador e justicia mayor de Tenerife e San Miguel de La Palma e capitán
general de Berbería, por el Rey e la Reina nuestros Señores e por virtud del
poder de sus Altezas tengo que repartir las tierras de riego e de sequero e
heredamientos de estas dichas islas, doy a vos Juan Benítez, como a vecino e
conquistador que fuiste destas dichas Islas, y por los muchos trabajos que en
estas conquistas obistes os do en nombre de sus Altezas, para vos y quien vos
quisieredes un pedazo de tierras de sequero, que son en Acentejo, para sembrar
pan, las cuales dichas tierras haveis de echar la linde desde un Pino que está
en canto de la Rambla honda donde estuvimos el Día del desbarato de
Acentejo...".
Y 5º.
Porque, como veremos, a no ser la sorpresa en el punto de unión de los caminos
de los Guanches y Acentejo o de San Cristóbal el ejército español
hubiera tenido una retirada."
Está
ampliamente documentado, que entre los guanches en sus tácticas de guerra no
figuraba la persecución y extermino del enemigo vencido que huye en desbandada,
por esta razón Alonso Fernández de Lugo y el resto de los invasores pudieron
alcanzar el fuerte de Añazu o de Santa Cruz, y reembarcar al día siguiente los
supervivientes rumbo a Tamaránt (Gran Canaria), transportando con ellos
mediante engaños a trescientos guanches auxiliares del bando de Güímar, los
cuales fueron enviados a España para ser vendidos como esclavos, manera que
tuvo Lugo de agradecerles el que le salvaran la vida en la rota de Acentejo.”
(Eduardo Pedro García Rodríguez, 2004)
La
estirpe de Benchomo ha superado los avatares de los siglos, la persecución, el
odio y el desprecio de los vencedores, legándonos una saga de hombres y
mujeres, que, a pesar del recelo mantenido por los conquistadores, colonizadores
y sus descendientes hacía esta raza de gigantes, supieron aprovechar las
contradicciones de la nueva sociedad impuesta, logrando situarse entre los
estamentos de influencia social, económica, religiosa y política, donde han
permanecido arraigados espiritualmente con nuestros ancestros. La estirpe de
Benchomo ha aportado a la humanidad una Pléyada de hombres y mujeres que han
contribuido con su iniciativa, capacidad creativa y esfuerzos al
engrandecimiento de los pueblos, especialmente en América.
BETZENURIGA:
“Hubo noticia en Levante de esta Isla, llamada Infierno, por los aragoneses
llegados á la parte sur donde es Adeje á tratar de paz por los años del Señor
1347, y vino allí un Rey solo que dice tenía la Isla, llamado Betzenuriga con
muchos capitanes, supieron el temple de toda ella y cómo eran idólatras
teniendo un Dios llamado Jucanche, y cómo no admitieron tener con ellos paz
diciendo que si allí volviesen otra vez á ese fin no saldrían vivos.”
(Marin de Cubas)
Este guerrero
awara debió ser uno de los rehenes exigidos por Alonso de Lugo como garantía
de que los awaras respetarían el pacto de paz, en realidad una de las falacias
habituales en este esclavista para poder vender en los mercados de esclavos españoles
a los guanches de los bandos de paces.
El
investigador español Eduardo Aznar Vallejo recoge algunos documentos relativos
al pleito que este canario mantuvo en la metrópoli en defensa de su condición
de hombre libre, de dichos documentos exponemos algunos ejemplos: “1502 Octubre 18. Madrid. Incitativa al
conde de Cifuentes, don Juan de Silva, alférez mayor, mienbro del
Consejo y asistente de Sevilla, para que
determine en la petición presentada por don Pedro Palmes, en
nombre de los canarios
de La Palma, que se entregaron a Alonso de Lugo y fueron vendidos por este en
dicha ciudad, so pretexto de un levantamiento, y para que se oblige a
Alonso de Lugo a dar cuenta de los
bienes que les tomó y a los dueños a no venderlos o transportarlos a otros lugares, hasta que se vea en la Corte el
pleito que trata sobre su libertad” (E. Aznar)
BENEHARO:=
benehar
<
*we-n-ăwəssar,
comp. m. ‘viejo’.*wa-n,
we-n,
pl. wi-n,
m.; ta-n,
pl. Ti
n,
f. loc. det. de [W/T+N] ‘el/la de’.*ăwəssar > ăwššar
> ehhar,
adj. vb. m. sing. de [W·S·R] ‘vejez’. Expr.
t. Benearo, Benecaro, Benecharo, Benhearo. (Iganacio Reyes).
Las
relaciones entre el mencey de Anaga Beneharo y el invasor Alonso Fernández de
Lugo nunca fueron muy claras ni ante ni después de la invasión de la isla, el
invasor siempre desconfió de Beneharo e
hizo lo posible por desterrarlo de la isla consiguiendo para ello una orden de
la corona castellana aduciendo para ello que el mencey era un peligro para la
estabilidad de la colonia.
Beneharo,
cuyo nombre cristiano, una vez bautizado por el rito católico, fue Hernando o
Fernando de los Santos. El procurador de pobres Sepúlveda; solicitaba y los
monarcas castellano-aragoneses accedieron a que el caso fuera visto por el juez
especial designado para tramitar los procesos de los canarios, don Juan de
Silva, conde de Cifuentes, asistente de Sevi1la.
Se encomendaba al citado Juez que,
oídas las partes, hiciera justicia a la petición del procurador.
No
hay referencia expresa de que el mencey estuviera en Sevilla, aunque tampoco de
que hubiera vuelto a Chinech (Tenerife). Se deduce del documento que el mencey
había conservado su hacienda en la Isla después de la conquista, algo que sólo
puede deberse a su pertenencia a un bando de paces, y que el gobernador Lugo la
había incautado, sin especificar el motivo. Este documento nos hubiera inducido
a equívoco si no conociéramos otro de dos años después, que nos aclara la
situación.
En
febrero de 1502 el Consejo de Castilla respondía a otra petición de justicia
de Don Hernando. Por lo que parece, el juez Silva no había hecho justicia al
mencey, por lo que el asunto se dirigía al gobernador de Tamaránt (Gran
Canaria), a quien encomendaba actuar como juez. Sabemos por esta carta que los
monarcas habían ordenado expresamente al mencey que se trasladara a vivir a la
isla de Gran Canaria, posiblemente para evitar problemas con el invasor Alonso
de Lugo. (Ver documentos E. Aznar
Vallejo de las fechas mencionadas en estas efemérides).
Más
datos se aclaran con este documento. Lugo, cuyo fin era el de apoderarse de los
ganados del mencey, pretextando el empobrecimiento de la región de Anaga, no le
permitía llevar consigo su ganado, prácticamente el único bien de que disponía
don Hernando. Eran frecuentes estas actitudes injustificables en el invasor y
gobernador. Hay que reseñar que era moneda corriente en aquellos años que las
autoridades coloniales intentaran evitar que los habitantes, fueran castellanos
o guanches, se trasladaran de una isla a otra llevando todos sus bienes.
Problemas de este tipo hubo con bastante frecuencia y no sólo con los guanches.
El
otro dato importante a tener en cuenta es el referente a los esclavos. No se
trataba de esclavos del mencey, sino del invasor, que fueron comprados a éste
por don Hernando y liberados a continuación, ya que eran sus parientes. Esta técnica
de ahorramiento o liberación de esclavos guanches por parte de sus parientes o
amigos libres se estaba dando en la Isla desde hacía tiempo, y fue considerada
varias veces como peligrosa por los invasores esclavistas
miembros del concejo de los europeos establecidos en
la Isla. De esto debe deducirse que don Hernando sí volvió a Chinech
(Tenerife), aunque fuera por poco tiempo.
No
sabemos si la orden de los monarcas de que se trasladara a Tamaránt (Gran
Canaria) fue dada desde su llegada a Castilla en 1496 o cuando regresó a
Chinech (Tenerife). El hecho es que, en cualquier caso, le dio tiempo de liberar
a sus parientes esclavizados.
Como
detalle emotivo, el mencey también solicitaba que se le diera el beneficio
judicial de pobreza dando “el juramento e solemnidad de pobre” (ver
documento al final de estas líneas) y
se le asignara letrado y procurador de oficio. La respuesta del Consejo de
Castilla a la petición del mencey consistió en encargar al gobernador de Tamaránt
(Gran Canaria), por entonces Antonio de Torres, que hiciese justicia al
agraviado, asignándole un letrado de oficio para la defensa de los intereses
lesionados y prohibiendo que se le cobrara derecho alguno por el litigio.
Conocemos
por otras fuentes que el mencey de Anaga se asentó en Gran Canaria en la sureña
Arguineguín, donde aparece dedicado a actividades pastoriles en 1505 acompañado
de sus dos hijos don Diego y don Juan de Anaga.
El
trato dado por los invasores a los menceyes de bandos de paces fue más benévolo
que a los de los bandos de guerra. Todos estos hechos se complementan con un
tercer documento, que hasta este momento nadie había puesto en relación con
los otros dos, de noviembre de 1504. Se trata de una solicitud de información
del Consejo Real al gobernador de Tamaránt (Gran Canaria) sobre otra queja de
don Hernando. Según este documento, el pleito entre el mencey y Alonso de Lugo
fue fallado por el gobernador de Gran Canaria, que en aquellos años tuvo que
ser, o bien el teniente de gobernador Juan Fernández de Anaya en ausencia del
gobernador Antonio de Torres, que falleció en octubre de 1502, o
bien el nuevo gobernador, Alonso Escudero, que llegó a Tamaránt (Gran
Canaria) el 10 de noviembre de 1503. La sentencia fue favorable al mencey, para
contrariedad del gobernador Alonso de Lugo, quien, según el documento, dio al
mencey un plazo perentorio de sesenta días para trasladar su hacienda a Tamaránt
(Gran Canaria), tiempo en que don Hernando no pudo sacar todo lo que tenía en
Chinech (Tenerife). Una vez se cumplió el plazo, Lugo lo privó de hacerlo.
Don
Hernando se quejaba de esto, y además del hecho de que el gobernador, ya
adelantado por entonces, no le permitía ir a la isla de Benahuare (La Palma) a
cobrar deudas que tenía allí, por lo que perdió mucho dinero. Esta noticia
indica que el nivel económico del mencey, aunque no fuera de riqueza, con la
relatividad de lo que se podía entender por riqueza en aquellos años y en
aquellas circunstancias, no era de los peores. Si don Hernando pudo liberar a
sus parientes comprándolos al gobernador y pudo hacer tratos comerciales,
aunque fueran de simple venta de ganado con pago aplazado, es evidente que poseía
un significativo potencial económico en un momento en que el ganado era el
principal bien de la Isla, lo que le permitía incluso hacer llegar su voz a la
Corte castellana y, lo que es más novedoso, que realmente tuvo que estar una
temporada residiendo en Chinech (Tenerife) después de la invasión y conquista.
No
hay más noticias de don Hernando de Anaga. Dudamos de que lograra recuperar la
hacienda que estaba pendiente de sacar de Chinech (Tenerife) dada la insaciable
sed de rapiña de que era presa el invasor Alonso de Lugo. (Mariano Gambia García,
2007)
1502 Febrero 22. Sevilla.
El rey de Anaga don Fernando denuncia los atentadas cometidos contra su persona
por el capitán conquistador y esclavista Alonso de Fernández de Lugo.
Incitativa del Consejo real para que el gobernador de Gran Canaria administre
justicia en el caso.
Don
Fernando, rey canario. Ynçitativa.
Don
Fernando y doña Ysabel por la graçia de Dios rey y reyna de Castilla, de León,
de Aragón, de Siciilia, de Granada, de Toledo, de Valenlçia, de Gallisya, de
Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jahén,
de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar, de las islas de Canaria, condes de
Barcelona e señores de Vyscaya e de Molina, duques de Athenas e de Neopatria,
condes de Ruysellón e de Gerdania, marqueses de Oristán e de Goeano. A vos el
que es o fue nuestro governador de
la ysla de la Gran Canaria, o a vuestro lugar theniente en el dicho oficio, e a
cada uno de vos a quien esta nuestra carta fuere mostrada, salud e gracia.
Sepades que don Fernando, rey que fue de Naga, canario de la isla de Thenerife,
nos fizo relal;ión por su petición diziendo: que al tiempo que, por nuestro
mandado, se pasó de la dicha ysla de Thenerife a esa dicha ysla de la Gran
Canaria, dis que Alonso de Lugo, nuestro governador de la dicha isla de
Tenerife, no le dexó pasar su hazienda segund que por nos le avía sido
mandado; y que demás desto le tomó dos esesclavos que compró dél, porque
heran sus parientes, e que asimismo le tomó la mitad de sus ganados e otros
muchos agravios, que dis que le fizo ynjustamente; en lo qual él dis que a
recibido mucho agravio e daño, e nos suplicó e pidió por merced acerca dello
le mandásemos proveer de remedio con justicia, mandándole dar nuestra carta
para vos, para que oviésedes ynformación acerca de lo susodicho, e sobre todo
le fizyerdes brevemente complimiento de justicia e como la nuestra merced fuese.
Lo qual visto por los del nuestro Consejo fue acordado que devyamos mandar dar
esta nuestra carta en la dicha rasón. E nos tovímoslo por bien: por que vos
mandamos que luego veades lo susodicho. E llamadas e oydas las partes a quien
atañe; lo más brevemente e sin dilación que ser pueda, fagades e
administredes a las dichas partes breve complimiento de justic;ia. por manera
que la aya e alcanc;en. e por defecto de ella no tengan razon de se. quexar más
sobre ello ante nos. E otrosí. por esta nuestra carta vos mandamos que fasyendo
ante vos el dicho don Fernando, rey que fue de Anaga. el juramento e solemnidad
de pobre. que la ley en tal caso dispone. fagáys que un letrado e procurador de
esa dicha ysla le ayude en lo susodicho al dicho don Fernando. e los escrivanos
públicos de esa dicha ysla non le lleven derechos algunos de las escripturas
que ante ellos pasaren sobre el dicho caso; a los quales mandamos que así lo
guarden e cumplan. so las penas que les vos pusierdes o mandardes poner de
nuestra parte. las quales nos por la presente les ponemos e avemos por puestas.
E no fagades ende al por alguna manera. so pena de la nuestra merced e de diez
mil maravedís para la nuestra cámara a cada uno que lo contrario fiziere. Dada
en la muy noble cibdad de Sevilla. a veynte e dos días del mes de febrero. año
del naçimiento del nuestro salvador Jhesu Christo, de mill e quinientos e dos años.
=Don Alvaro.=Obispo de Oviedo.= Fernandus. licenciatus. = Joanes. licenciatus.
=Licenciatus Zapata. =Licenciatus Moxica.=Yo Bartolomé Ruyz de Castañeda,
escrivano de cámara del reye de la reyna nuestros señores. la fize escrevir
por su mandado, con acuerdo de los de su Consejo.
BENDALUT:=
bendalut < *we-n-dalut, comp. m.
‘cruel’. *wa-n, we-n,
pl. wi-n,
m.; ta-n,
pl. ti-n,
f. loc. det. de [W/T+N] ‘el/la de’.*dalut,
adj. vb. m. sing. de [D·L] ‘crueldad’, lit. ‘negrura (de corazón)’. Nombre, según el poeta Antonio de
Viana (1604, VIII), de un guerrero de Benytomo.
(Ignacio Reyes)
BENYTOMO, o Bentor digno hijo de Benchomo, confundido frecuentemente con su padre, este mencey, fue el último rey de Tahoro negándose a firmar las paces de los Realejos.
Prefirió
una muerte honrosa antes que rendirse a los invasores. Llevado de su inmenso
[…]
Llegados los castellanos hicieron alto en orden de batalla y envió el
Adelantado a D. Fernando Guanarteme con un mensaje para el rey Benytomo, “a le
requerir que se di ése e tornáse cristiano e que le faría toda la cortesía
que quisiése...”, cuya respuesta negativa como ya dijimos en una nota, motivó
un segundo mensaje con el mismo Guanarteme y Pedro Mayor, llevando la cabeza de
Bencomo clavada en una pica, para decirle de parte del general: “Que aquella
cabeza le sirviése de escarmiento, pues si no se sujetaba al Rey de España con
otro tanto le amenazaba”; a lo que contestó Benytomo: “Diréis a vuestro capitán
que esta cabeza no me espanta, que donde quedó el cuerpo la pueden poner; y que
cada cual mire por la suya”.
BENTOR.
(No confundir con
Bentorey). Capitán y miembro de la
familia real de Kebehi Benchomo se distinguió sobre manera en las luchas contra
los invasores castellanos. Según Bethencourt Alfonso fue llamado el “sigoñe”
o capitán por su heroísmo, fuerza, agilidad y resistencia. La tamusni recoge
que: en los Juegos Beñemeres de Anaga dio un salto de altura sobre doce palmos
(2’4 metros) y que al conocerse la muerte del Rey Grande durante la batalla de
Aguere, recibió en el mismo campo de batalla del Príncipe Benitomo una orden
reservada y urgentísima que llevar a Taoro ¡la que desempeño en tres cuarto
de horas!
BENTEJUI: Nació sobre el 1450, probablemente, en las cercanías de la actual Galdar,
en Tamaránt (Gran Canaria)) y murió el 29 de abril de 1484, sobre
este recayó la dura tarea de dar continuidad a las legítimas instituciones
sociales de la población canaria. Pronto, este “gaire,
alto, seco, y prieto de grande esfuerzo” que, según afirma
Marín de Cubas [(1694: 57v) 1986: 207], ostentaba hasta entonces el
significativo nombre de Tazarte “= *ta-dsart
> tassart,
n. vb. f. sing. de [D·S/Ś·R] ‘acusado sentido del honor, dignidad’,
‘rebeldía’, ‘agitación’, ‘maldad’. Nombre
de un jefe militar del bando de Gáldar.
Expr. t. Tajarte, Tajaste, Taxarte, Tazarte. N.
B.
Las variantes gráficas que transmite la documentación antigua hacen pensar en
una pronunciación faringalizada tanto de la sibilante (*s(s) > ś) como
de la vibrante (*r > ŕ).” (Ignacio
Reyes).
Bentejuí
se trasladó, encabezando un importante contingente humano, hacia la protección
que brindaban las agrestes montañas de Tirajana. Pero, de nuevo, fueron
cercados en Ansite, paraje cuya localización exacta aún se discute. Esta vez
la espera acabó en éxito para los castellanos, previa mediación del converso
Fernando Guanarteme, ante la propuesta de rendición Bentejui respondió: «Todavía
Canaria no ha desaparecido del mundo y aquí la tienes toda sobre estos cerros»
(Viera y Clavijo (1772) 1982, I: 529). Finalmente
aceptaron las condiciones de rendición. Todos, menos Bentejuí y el faycán
teldense Guariragua, que prefirieron mantener su libertad hasta el último
momento de sus vidas: “[…]
menos Tazartico y un faisage biejo de Telde, que ambos se derriscaron llegandose
el muchacho a el viejo le cojio de un brazo, y diciendo a tiz Tirma, a tiz
Tirma, de un salto vajaron hechos pedasos»
(Marín (1694: 60r) 1986: 214).
Es muy
probable que, antes, Bentejuí (Wenteghuyyit, ‘éste vocifera,
alerta o invoca’) interviniera también en la famosa Batalla de Ajódar, donde
los castellanos sufrirían la mayor derrota en la Isla, contribuyendo con su
arrojo a que los canarios salieran indemnes en los inciertos episodios de asedio
a los que fueron sometidos. Con su desaparición, se sellaba la finalización
“oficial” de la conquista de Gran Canaria, un 29 de abril de 1483.
Hoy
en día muchas personas participan en la Ruta
de Bentejuí, que se
celebra cada mes de abril para conmemorar el acontecimiento en el que nuestro
protagonista dirigió a los suyos desde el Bentayga hasta Ansite, con un trazado
aproximado al que siguiera el último gran héroe de Canaria. (Víctor Perera
en: Mundo Guanche, nº 18).
BENTAKAYSE, con sus hermanos Tenisagua y Agacencie defendieron valientemente
Tedote hasta que fueron arrollados por la superioridad armamentística de los
invasores.
Continuará…
Junio de 2009