HÉROES DE LA NACIÓN CANARIA (III)

 

Eduardo Pedro García Rodríguez *

 

 

DERIMAN, hijo de Bentor, último Rey de Tahoro, al serle impuesto el bautismo cristiano tomó el nombre de Cristóbal Hernández de Taoro. Estudió en Sevilla la carrera de vocero (abogado).

Cuando regresó a la Matria (patria) tomó el nombre de su abuelo como apellido, por lo que fue más conocido como Cristóbal Bencomo. Cristóbal Bencomo o Derimán, escribió una historia de la conquista de Chinech (Tenerife), de cuya obra manuscrita se editaron tres ejemplares, lamentablemente perdidos, según Bethencourt Alfonso el último ejemplar de que se tenía noticia estubo en poder de una familia Álvarez de Chío, -descendientes del Caudillo gomero Hupalupu-, quien la cedió a un carabinero español. Nuestro personaje testó en la Orotava, ante el escribano Grimón, en 1553.

 

DORAMAS:=dorammas  *durar-ammas, comp. m. pl. lit. ‘montañas en medio’, fig.‘anchas narices’. *durar, s. m. pl. de [D·R] ‘risco, montaña, cresta   montañosa’.*ammas, s. m. sing. de [M·S] ‘medio’, ‘centro’, ‘interior’. (Ignacio Reyes). Caudillo canario que derrotó en varias ocasiones a las tropas invasoras castellanas. (Ignacio Reyes)

 

 Doramas fue un guerrero de finales del siglo XV, guaire destacado de la resistencia guanche ante la invasión castellana en la isla de Tamarant (Gran Canaria) ante las tropas mercenarias invasoras acometida por los nefastos Reyes Católicos, quienes financiaron la actuación con la ayuda económica proporcionada mediante bulas por el Vaticano.

Originario del reino de Telde, pertenecía a la clase social de los axicatnas (trasquilados), como los  canarios conocían a los plebeyos. Estos debían llevar el pelo corto, no como los nobles, que lo llevaban largo rubio o teñido de ese color y, la barba en punta y sin bigotes,  gozaban de los privilegios propios de la nobleza.

De complexión fuerte, ancho de espaldas y estatura media, Doramas era conocido por su destreza en el combate y su capacidad de liderazgo. En la batalla se le describe con una rodela de drago a modo de escudo, blanca, negra y colorada, en cuarteado, y portando una enorme espada de madera endurecida al fuego.

De este extraordinario caudillo el historiador Agustín Millares Torres nos brinda una sucinta biografía de la cual extraemos algunos párrafos: “Juan Rejón sale del puerto de Santa María el 23 de mayo de 1478, y viene en junio a acampar a orillas del Guiniguada, donde asienta sus reales y se fortifica.

 

Por la confianza de las nuevas tropas, el aparato bélico con que efectuaron su instalación y las piezas de artillería que defendían el campamento, comprendió desde luego Doramas que el momento supremo de vencer o morir había llegado.

 

Avistóse, pues, con Tenesor, y juntos deliberaron reunir sus fuerzas, poniéndolas al mando del mismo Doramas, y que inmediatamente se ofreciera la batalla al general español, antes de darle tiempo de fortificarse y de asolar el país.

 

El 28 de junio, Rejón envió un mensajero a los canarios con estas soberbias palabras:

 

“Decidles que soy enviado por los muy altos y poderosos príncipes de Aragón y de Castilla, don Fernando y doña Isabel, para tomar la isla de Canaria bajo su protección y exhortar a sus habitantes a que abracen la religión cristiana, y que si así no lo hicieren, serán perseguidos sin tregua ni descanso, hasta hacerles perder la vida o llevarles a todos prisioneros.”

 

Doramas contestó con esta sola frase: —Decidle a vuestro general que mañana le llevaremos la respuesta.

 

En efecto, el 29 de junio bajaban por los cerros que dominaban el valle —donde hoy se asienta la ciudad de Las Palmas— numerosas cuadrillas de isleños, y en la llanura que precedía al Real se formaron en orden de batalla

 

Entonces numerosos historiadores dicen que, volviéndose Doramas a los suyos, les habló de esta manera:

 

—“Ese puñado de extranjeros que veis ahí encerrados es de aquella misma casta de hombres crueles que inquietan y cuya edificaciones  demolimos en Gando. Son aquellos que siempre nos han hablado de un Guanarteme poderoso que los envía a robar nuestra patria, y de una religión santa que los hace mejores que nosotros. Ya es tiempo de que acaben de salir bien escarmentados de su locura y de poner para siempre nuestra libertad, nuestras mujeres y nuestros hijos al abrigo de su insolencia. Acordémonos de que somos canarios y de que Alcorac nos dio este país. Acordémonos del gran Artemi, que murió peleando en las playas de Arguineguín”.

 

Dicho esto, atacó con denodada furia a los españoles que, resguardados con las murallas de su campamento, cubierto el frente con varias piezas de artillería y los flancos con algunas fuerzas de a caballo sostuvieron el choque sin avanzar, pues así eran las órdenes que habían recibido de sus jefes.

 

Dos horas duró indecisa la victoria, hasta que, viendo malheridos los principales canarios, y conociendo que no les era fácil vencer la resistencia de sus adversarios, Doramas ordenó la retirada, sin que los españoles se atrevieran a perseguirle, tanto temían la astucia de aquel célebre caudillo y su reconocida habilidad para preparar emboscadas.

 

Un año permaneció Rejón en el Real de Las Palmas, sin que hubiese otro hecho notable sino la completa derrota que sufrieron sus armas, acaudilladas por el Deán de Rubicón don Juan Bermúdez, sobre la cuesta de Tenoya, derrota que previno y dirigió el mismo Doramas y que llenó de luto y consternación a los conquistadores.

 

Pero mientras los canarios, dueños de toda la isla menos del terreno donde alcanzaban los arcabuces españoles, se disponían con entusiasmo a continuar defendiéndose, sucedía Pedro de Vera a Juan Rejón en el mando del ejército castellano. (Agustín Millares Torres, 1978:7-22)

 

Este general, deseoso de concluir una conquista que duraba ya tres años, con grandes desembolsos del erario y pér­dida crecida de gente —pues de nuevo habían sido derrotados sus soldados en Tunte y Moya— salió una mañana con todo su ejército, y fue a acampar en el valle que se extiende al pie de la montaña de Arucas. Sabíase que cerca de allí moraba el intrépido Doramas, y Pedro de Vera quería provocarle a una batalla campal en la que estaba seguro de vencer a su contrario, con la ventaja que le prestaba lo llano del terreno, favorable a la caballería y al fuego de sus arcabuces.

 

Pedro de Vera dejó los doscientos peones que formaban su cuerpo de batalla sobre el cerro, prontos a acudir a la primera señal y, con los cincuenta de a caballo que constituían su vanguardia, armados todos con rodela, peto y lanza, se adelantó rápidamente para castigar la arrogancia del isleño.

 

En medio de la confusión que este ataque produjo, el soldado Juan de Flores fue el primero que llegó junto a Doramas, procurando alcanzarle con la punta de su lanza; pero el valiente caudillo, esquivando el cuerpo, le quiebra la lanza y le rompe el cráneo con su maza, mientras otro soldado llamado Pedro López intenta atacarle con su espada sin conseguir herirle.

 

Ocupados los isleños en defenderse, pudo Pedro de Vera dirigir un nuevo ataque sobre el temible caudillo que, solo y aislado, seguía desafiando a sus contrarios, separado imprudentemente de los suyos. Al efecto, y en tanto que él le amenazaba de frente con su lanza, el cordobés Diego de Hoces lanzó su caballo por detrás y le hirió a mansalva por la espalda. Doramas se volvió rápidamente y de un revés le quebró la pierna izquierda; pero al hacer este movimiento quedó por un instante indefenso, y aprovechando Vera esta sorpresa, le atravesó el pecho con su lanza. Doramas en la agonia de la muerte dirigiéndose a Pedro de Vera le dijo: “No eres tu quien me ha muerto, sino ese perro traidor que me ataco por las espaldas”. Su cabeza decapitada se exhibió por el campamento castellano de Winiwuada (Las Palmas), como escarmiento a la población guanche. La batalla de Arehukas tuvo lugar el 30 de noviembre de 1481. 

Doramas vivió para su patria y murió por ella. ¡Dichosos los que han llegado a merecer tan sencillo elogio!

 

FERINTO O FEDINTO: Desconociendo los bimbaches  (herreños) las armas de alcance fue grande el asombro cuando vieron caer a varios muertos o heridos ante de llegar a las manos con el enemigo, emprendiendo todos la fuga y abandonando a su valeroso capitán Ferinto; que al tratar los invasores de hacerlo prisionero, fue tal el salto de costado que los lleno de estupor y señalaron para memoria de venideros tiempos.

 

Es tradicional el celebre “Salto de Ferinto” ocurrido en la época de la invasión y conquista de la isla Esero por el piratas normando Jean de Bethencourt.

 

Tuvo lugar en el abra de Ajonse, entre las montañas de Bentejis, donde colocaron y subsisten dos mojones enterizos de piedra viva, de 0,69 centímetros de largo por 0,49 de alto, que conservan la primitiva distancia. El salto fue de 8,89 metros. (B. Alfonso.)

   

GUADARFIA:= wa-darfi, n. est. m. sing. de [D·R·F] ‘el liberado o protegido (de un ataque)’ (Ignacio Reyes). Rey de Lanzarote, expresó la amistad pero no la sumisión, ejemplo de valentía y astucia frente al invasor e implacable con los traidores.

 « ¿Qué gente la de Europa ?—se decían los mahos (lanzaroteños)—. ¿Qué fe, qué religión puede ser la suya, si al tiempo que nos hacen elogios de su santidad, son traidores para con nosotros y fraudulentos para consigo mismo?...».

 

GUANARAME:= *wa-naram, adj. vb. m. sing. de [R·M] ‘hombre que prueba, tantea, intenta’ o ‘degusta’ o ‘explora’ o ‘afronta (a un adversario)’. Jefe de la Isla (Lanzarote) hacia  1385. Fue preso, junto a su esposa Tinguafaya y otros ciento setenta isleños, por una expedición sevillana al mando de Hernán Peraza. (Ignacio Reyes)

 

GARAROSA. Valeroso guerrero partidario de Doramas a quien acompañó en sus enfrentamientos con los invasores castellanos.   

 

GUARIRAGUA. Más conocido en la historia por «el Tuerto», era faycan o gran sacerdote del reino de Telde y señor de Tara. Astuto, previsor y dominante, fue la figura de más relieve de la Isla Tamaránt (Gran Canaria). Su extraordinaria energía no vacilaba ante los contemporizadores. Acosado por propios y extraños, defendiéndose de risco en risco, llevando por delante al rey Benthejuí como suprema representación de la patria, su trágica figura se nos destaca sobre los más altos peñascos del monte Ansite; y allí, a orillas del abismo, cuando no encontró un palmo de tierra donde fijar la planta, ni un solo hombre que respondiera al grito de Independencia, después de una invocación a los cielos a las voces de Atis Tirma, al que  todo lo puede y señala los destinos de los pueblos, enganchó por los brazos al soberano y juntos se precipitaron a la sima. (B. Alfonso)

 

GUAHUCO:= *wa-h́uku, n. ag. m. sing. de [H́·K·(T)] ‘éste se levanta y se va’.  Expr. t. Aguahuco, Aguauco, Agujuco, Guahunco.

 

Según explica el poeta Antonio de Viana (1604, X), hijo bastardo del legendario jefe único que habría gobernado la Isla antes de la colonización europea y al que sus hermanos, en el reparto de la herencia territorial, cedieron la Punta del Hidalgo. ( Ignacio Reyes ). Guahuco: Según Bethencourt Alfonso: “Este nombre que probablemente era Guacuco, llevávalo el 10º hijo de Tinerfe el Grande que lo tuvo de una esposa cuca, a quien dio el gobierno del diminuto achimenceyato de “Punta del Hidalgo”. Fue uno de los hermanos leales a Betzenuhya, por lo que sin duda la casa real de Tahoro alteró la ley constitutiva a favor de ambos como premio, erigiendo dichas provincias o achimenceyatos hereditarios.” Sin duda fue uno de los confederados con Benchomo en la liga contra los invasores castellanos.  

GUIZE, resistió valientemente a las hordas piratas y esclavistas invasoras de normandos y castellanos hasta octubre de 1404 en defensa de su isla Titeroygatra (Lanzarote).

 

GUANACHE (SEMIDAN):= *wa-nźaź, n. est. m. sing. de [N·Ź] ‘el que es inteligente, razonable o clarividente’. N. B. El concepto, que aparece implicado en otras denominaciones personales por diversas islas, figura una vez más en los registros documentales con una -ch como representación del radical final (ź). Tal y como se advirtió en el caso de Garagonohe, esto permite conjeturar un valor no faringalizado para esa consonante alveolar (z) y, por consiguiente, sugerir una forma primaria a partir del lexema [N·Z·Y > N·Z > N·Ź], donde la secuencia [Z·Y (> Š)] ya señala aquello que ‘está a punto de llegar’ o ‘está en el futuro’. (Ignacio Reyes).

 

Como recoge Bethencourt Alfonso, Guanache-Semidan el “Bueno” era nieto de Artemi e hijo primogénito de Taghoter Semidan, ocupó el trono de la isla estableciéndose en Gáldar, antigua corte de los reyes. Dícese que su hermano Venta-gaihe Semidan, hallándose al frente del vi­rreinato de Telde, se rebeló proclamándose independiente, no acudiendo en adelante a las «Cuevas de Paracas» a celebrar las cor­tes generales de la isla. Adquirió el sobrenombre de “Bueno” por la conducta observada con el portugués Diego de Silva, que habiendo de concierto con su suegro Diego de Herrera, invadido las costas de Gáldar con 200 hombres, fue tan bravamente embestido que tuvo que replegarse y atrincherarse en una especie de plazuela cerrada, donde lo bloquearon en términos de tener que capitular o morir de hambre o matando. Condolido el sobe­rano y viendo la actitud de su pueblo de no dar cuartel a los extranjeros, sugirió a estos la idea de que a pretexto de una conferen­cia se apoderaran de su persona para que les sirviera de rescate, y así aconteció. Era casado con Guanuriragua, hermana del faycan de Telde «el Tuerto», de la que tuvo a la princesa Arminda. (B. Alfonso)

 

GUADAFRET:=  *wa-dafəret, n. est. m. sing. de [D·F·R·(T)] ‘el hinchado’.nombre de un guerrero de Benytomo. El poeta Antonio de Viana (1604, XII) lo describe como un “Gigante fiero / Muy gruesso, egdematoso, barrigudo, / Como torre de carne, aunque pesado, / Valiente, suelto, diestro, y animoso”. Expr. t. Guadafreta, Guadafreto. (Ignacio Reyes)

 

GUAYANFANTA, mujer hermosa, de cuerpo gigantesco y de gran bravura, que se enfrentó con los cristianos bimbaches (herreños) cuando trataban de acosarla, derribando a uno que le perseguía y tomándolo bajo el brazo, estuvo dispuesta a arrojarse con él al precipicio, pero los otros bimbaches lo impidieron rompiéndole ambas piernas.  

GAZMIRA:=gazmir, s. m. sing. (col.) de [G·Z·M·R] ‘junco (planta)’, ‘grama n(Cynodon dactylum)’. *wayya-n-fant́az, comp. det. m. lit. ‘espíritu de vanidad’, fig. ‘orgullosa’.*wayya, n. vb. m. sing. de [Y] ‘espíritu’, lit. ‘estar en el origen de, ser la causa de’.*n, prep. de [N] ‘de’.*fant́az, n. ac. m. sing. de [F·N·T́·Z] ‘jactancia, vanidad, orgullo’. Pleiteó (1500) ante la corte y los tribunales hispanos en defensa de los derechos de sus paisanos más pobres. Expr. t. Gasmil, Gazmil. (Ignacio Reyes)

 

HAINETO: Valeroso Achimencey del achimenceyato de Añazu en el reino de Anaga, murió en el asalto del campamento y torreón que los españoles habían montado en las playas de Añazu, después de la batalla de Acentejo.  

HAPALUPU: Notable insular al que se le reconocían funciones de arbitraje o intermedia­ción en caso de disensiones entre los bandos. Ú. m. Hupalupa. Expr. t. Chapulapu, Chupulapu, Hapalapu, Hupalapu.*haflufal > šapalupu, n. vb. m. sing. de [H·F·L] ‘cabellera larga’. (Ignacio Reyes)

 

Pablo Hupalupu, anciano hombre mascota y adivino, al que tenían por favorecido de espíritus superiores, advertido de la ofensa que el tirano colono Hernán Peraza infringía a su pueblo convocó a sus parientes y amigos más próximos en un islote cerca de Tagualache, que después sería conocido por La Baja del secreto, y acordaron poner los medios necesarios para impedir este nuevo ultraje.

 
Puestos de acuerdo lo conjurados con Iballa, decidieron que esta diera una cita al fogoso Peraza, en la cueva de Guahedún donde le recibiría acompañada de una vieja parienta que estaba en el secreto y, a una señal convenida apresarían al tirano. Hernán Peraza, no tardó en acudir a la llamada de la bella Iballa, haciéndose acompañar de un paje y un escudero, sin sospechar de la celada que se le preparaba, entró solo en la cueva, en cuanto traspasó la puerta de ésta, comenzaron a oírse unos silbidos en los alrededores siendo esta la señal de los conjurados para pasar a la acción. Inmediatamente cercaron la colina donde se ubica la cueva y, deteniendo al paje y al escudero, creyeron asegurada su venganza. Iballa para disipar cualquier sospecha de su complicidad en el acto, instó al tirano a que se disfrazara de mujer y huyera antes de que sus parientes llegaran a la cueva. Ante la imprevista sorpresa, turbado por la situación el galán acepto ponerse unas sayas y una toca; pero la vieja, que seguía los acontecimientos gritó a los suyos: “Ese que va vestido de mujer” Peraza que la oyó, retrocedió y despojándose de las ropas femeninas, tomó la adarga y sacando su espada se adelantó con animo decidido hacía los asaltantes. En lo alto de la cueva estaba apostado un pariente de Iballa llamado Pedro Hautacuperche, quien al ver salir a Peraza le arrojó su banot con tal fuerza y puntería que le atravesó el pecho matándolo en el acto. Al verle caer los sublevados ajusticiaron también al paje y al escudero, fieles servidores de los desmanes de su señor.

 

Al ver consumada su venganza, los sublevados gritaron: “¡Ya se quebró el gánigo de Guahedum!”, aludiendo a que con aquel acto, quedaba roto cualquier pacto que hubieran mantenido con la casa de Peraza, pactos de colactación que acostumbraba sellar bebiendo leche de un gánigo.

 
Enterada del suceso Beatriz de Bobadilla se encerró con sus hijos y algunos servidores fieles en la torre, no sin antes despachar una barca a Gran Canaria en demanda de nueva ayuda al gobernador genocida Pedro de Vera. Mientras los gomeros deseando reconquistar totalmente su independencia pusieron cerco a la torre dirigidos por Hautacuperche, éste dio pruebas de un valor sin cuento en el asalto a la torre, recogiendo en el aire las saetas que desde las troneras les disparaban los defensores, precisamente uno de estos alardes fue aprovechado por dos de los defensores, mientras uno amagaba con disparar, otro situado en un nivel más bajo le atravesó el pecho con un dardo, cayendo así el héroe gomero.

 
Pedro de Vera teniendo en cuenta lo rentable de su anterior intervención a favor de los Peraza, y conociendo bien la ruta a La Gomera, preparó concienzudamente la expedición genocida y de saqueo. Llevaba consigo cuatrocientos hombres mercenarios veteranos de “” La Santa Hermandad ”” de Sevilla que gozaban de justa fama por despiadados y sanguinarios insaciables. Dos meses después del ajusticiamiento de Hernán Peraza, que había tenido lugar en noviembre de 1487, Pedro de Vera desembarca en San Sebastián al frente de sus feroces tropas mercenaria. Los gomeros atrincherados en los lugares más inaccesibles de la isla hacían frente a los continuos ataques de los españoles causándoles numerosas bajas. Vera, ante los pocos avances que conseguía en la operación de castigo que se había prometido tan fácil como la llevada a cabo anteriormente, desesperaba en su campamento, por ello, optó por recurrir una vez más al engaño, conociendo la bondad y credulidad de los isleños, ideo un ardid propio del canalla que era. Pretextado la celebración de unas exequias por el difunto Hernán Peraza, mando a pregonar al son de trompetas y tambores, anunciando que aquellos isleños que no concurriesen serían considerados como autores o cómplices del ajusticiamiento. Engañados por el pregón, muchos gomeros que no estaban comprometidos con el alzamiento acudieron a la iglesia el día señalado por el pérfido Vera. Una compacta multitud de mujeres, hombres y niños, con el afán de probar su inocencia, se dirigieron a la villa y según se iban acercando al templo el general los acorralaba en lugar apartado y cuando juzgó inútil todo disimulo, los declaró prisioneros, sin oír sus justas protestas ni sentir el menor remordimiento por su criminal acción.

Tan pronto Vera tubo a los desgraciados y estupefacto gomeros, desarmados y a su alcance, condeno a muerte a los varones mayores de quince años procedentes de los distritos de Orone y Agana, y, a fin de que la ejecución fuese más rápida y ejemplar, a los que no ahorcaba o pasaba a cuchillo los colocaba en lanchas, y atados los brazos a la espalda, los echaba al mar en sitios bastante alejados de la costa. Las mujeres y los niños fueron vendidos en España, y algunos que habían conseguido ser desterrados a Lanzarote, el patrón del navío que los llevaba llamado Alonso de Cota, los arrojó en alta mar siguiendo las ordenes de Vera.

 
Este horrible genocidio, para mayor escarnio, tuvo su simulacro de juicio en La Gomera, por el cual Pedro de Vera aprovechó para continuar su orgía de sangre, implicando en el alzamiento a los gomero que residían en Tamarán (Gran Canaria), en declaraciones arrancadas a los desgraciados que sometió a horribles torturas. De regreso a Winiwada (Las Palmas) el feroz genocida, hizo prender en una noche a todas las familias gomera que moraban en la isla condenando a muerte a los hombres y a perpetua esclavitud a las mujeres y niños. La hecatombe fue de tal magnitud que obligó a intervenir al obispo católico Fr. Miguel de la Serna, con lo cual consiguió que Pedro de Vera acelerara la muerte de los desdichados, además de recibir la promesa de Vera de que si no cesaba en sus protestas le podría en la cabeza un casco calentado al rojo vivo.

 
Cuando Vera dejó la gobernación de Gran Canaria, en diciembre de 1489, fue recibido por los reyes de España con cariñosa solicitud y marcada benevolencia, a pesar de que tenían pleno conocimiento de los horribles crímenes cometidos por el carnicero, no solo no lo recriminaron, sino que lo destinaron a la tala de la Vega de Granada, y luego en el sitio de la ciudad. Con actitud tomada por los monarcas quedó en entredicho la supuesta política proteccionista de los reyes católicos hacía los canarios.

 
El Obispo católico en Canarias al ver mermado de manera alarmante el número de sus ciervos y por consiguiente sus diezmos, por la acción depredadora de Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla, interpone recurso antela corona castellana alegando que los gomeros vendidos tanto por Pedro de Vera y sus factores como por Beatriz de Bobadilla, eran cristianos, por lo cual no podían ser vendidos.


Por tanto, el Obispo exigió la intervención de la corona a favor de los esclavizados gomeros, ésta que tenía entre manos los planes para la invasión y saqueo de América, además del continente y, por consiguiente era vital el mantener las cordiales relaciones que hasta el momento sostenía con el Pontífice Romano, verdadero árbitro en la distribución de las nuevas tierras a esquilmar y por las que litigaban las coronas de Castilla y Portugal, accedió a los requerimientos del obispo, ordenando la puesta en libertad y regreso a las islas de los esclavos gomeros vendidos por Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla. Como la situación creada no era fácil de resolver mediante un decreto, la mayoría de los desdichados gomeros esclavizados tuvieron suerte diversa.

 

HAUTACUPERCHE. m. Go. ant. p. us. Antr. Nombre del ejecutor de Hernán Peraza. Expr. t. Auta Cuperche. N. B. Como adelantó el profesor G. Marcy (1934: 6-7), la etimología de este nombre y la historia del personaje destacan que se trató de un «hombre mascota», es decir, un sujeto protegido por las divinidades de la comunidad, el cual debía presidir todos los actos sociales de alguna importancia para favorecer una realización exitosa.

autakupperč < *hăw-takubbert, comp. m. lit. ‘nacido con buen presagio’. *hăw, n. vb. m. sing. de [H·W] ‘nacimiento’.*ta-kubber-t > takupperč, s. f. sing. de [K·B·R] ‘cosa de buen presagio’, ‘éxito’. (Ignacio Reyes)

 

[…] Peraza que la oyó, retrocedió y despojándose de las ropas femeninas, tomó la adarga y sacando su espada se adelantó con ánimo decidido hacía los asaltantes. En lo alto de la cueva estaba apostado un pariente de Iballa llamado Pedro Hautacuperche, quien al ver salir a Peraza le arrojó su banot con tal fuerza y puntería que le atravesó el pecho matándolo en el acto. Al verle caer los sublevados ajusticiaron también al paje y al escudero, fieles servidores de los desmanes de su señor.

 

Enterada del suceso Beatriz de Bobadilla se encerró con sus hijos y algunos servidores fieles en la torre, no sin antes despachar una barca a Gran Canaria en demanda de nueva ayuda al gobernador genocida Pedro de Vera. Mientras los gomeros deseando reconquistar totalmente su independencia pusieron cerco a la torre dirigidos por Hautacuperche, éste dio pruebas de un valor sin cuento en el asalto a la torre, recogiendo en el aire las saetas que desde las troneras les disparaban los defensores, precisamente uno de estos alardes fue aprovechado por dos de los defensores, mientras uno amagaba con disparar, otro situado en un nivel más bajo le atravesó el pecho con un dardo, cayendo así este héroe gomero.

 

Continuará…

 

* De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo.

Junio de 2009.