SOLSTICIO DE INVIERNO
9º AKANO
Guayre
Adarguma Anez’ Ram n Yghasen *
Entre los fieles de la Iglesia del Pueblo Guanche la
celebración del Solsticio de invierno tiene un sentido de integración, de
unidad y reforzamiento de vínculos con los pueblos, ya que toda peregrinación
es hermandad, ayuda mutua en el camino y compartir servicios; símbolo y
representación de ese viaje que es la vida y que los canarios queremos
inculcarlo de entendimiento y fraternidad, aspectos fundamentales de nuestra
cultura guanche.
En
la ancestral cultura canaria, y hasta ahora, honrar a la Sol –Magek, que además
de ser un astro simboliza el aspecto visible de la Diosa-Madre Chaxiraxi-, tiene
el sentido de glorificar la vida que bajo su poder germina, crece y madura.
Nosotros,
seres humanos, hemos vivido cientos de miles de años en estrecho contacto con
la naturaleza, siendo parte de ella misma. Solamente estos últimos siglos hemos
construido ciudades y nos hemos alejado de ella. Pero todo nuestro ser sigue
respondiendo a esos ciclos, llevamos ese programa en nuestros genes.
Porque
la Sol es fuego. Y el fuego es energía que purifica seres y cosas.
La
víspera del Solsticio de invierno es la noche más larga del año, luego de ese
momento clave y durante los seis meses siguientes, las noches se acortan y los días
se alargan. En el ambiente hay más luz disponible y con ello mayor abundancia.
Por
ello esperamos con júbilo la salida de la Sol en las plazas, en las cumbres de
los cerros y en las llanuras, toda la familia estrechamente reunida: varones y
mujeres, ancianos y niños.
Cuando la Sol aparece en el
horizonte atronan en el aire los bucios, se oye el agudo silbido de los ajijide,
los sones de las flautas y el retumbar de los tambores estremecen las plazas,
los barrancos y los montes.
Y
nuestra felicidad a partir de ahora es tan grande como ha sido nuestra desdicha,
porque sabemos quienes somos, hemos probado que somos fuertes, recios y puros. Y
por la victoria futura que el destino nos debe.
En la Iglesia del Pueblo Guanche el Solsticio de Invierno es considerado como un
renacer.
En
esta época del año toda la naturaleza se renueva. La época de cosecha y el
descanso necesario de la tierra ha finalizado y ya la tierra se encuentra
preparada nuevamente para la siembra, para su tiempo de fertilidad. Este es el
momento donde la vida regresa a la tierra en todo su esplendor, ya que Magek se
está acercando nuevamente con su luz y calor.
Pero
no sólo la naturaleza se renueva, también los seres humanos. Al sabernos parte
de la naturaleza, los fieles de Diosa-Madre Chaxiraxi establecemos con ella
relaciones de reciprocidad.
La
importancia de esta relación primordial la expresamos en la identidad social,
cultural y religiosa del pueblo guanche, siempre vinculada al culto de la
naturaleza, a los elementos que la constituyen: la Sol (Diosa Magek), la Tierra
(madre tierra), los árboles como el Pino, el Drago o el Aceviño y los
animales, todos sagrados en este mundo donde la vida es el mayor tesoro.
La
mayoría de las religiones antiguas celebramos el Solsticio de Invierno entre el
21 y el 24 de diciembre del calendario occidental actual, confesiones más
modernas, como la católica apostólica romana, y otras de raíces
judeo-cristianas sincretizaron esta milenaria celebración atribuyéndosela al
nacimiento de su Mesías Jesucristo. A pesar de la tradición piadosa, todos los
estudiosos saben en la actualidad que, en realidad, la elección de esta fecha
para señalar el nacimiento de Jesús no es más que una adaptación de un rito
anterior de otras religiones.
Sin
ánimo de entablar polémica ni faltar al respeto a los católicos de buena fe,
es preciso aclarar que los sucesos milagrosos que dan pie a las fiestas
cristianas de navidad fueron consignados para la historia mucho tiempo después
de que ocurrieron, y de los cuales no se tiene aún certeza científica. El del
nacimiento de Jesús el Cristo cerca de dos siglos después, en el primero de
los evangelios consignados en el Nuevo Testamento de la Biblia.
Debe
decirse que no se sabe la fecha precisa en que Jesús de Nazareth nació, pero
diversos investigadores presumen que la Iglesia Católica, en su afán de
expansión, fijó el día en la efeméride posterior más próxima al primer
solsticio de invierno de la era en que llevamos la cuenta progresiva de los años.
La razón que les indujo a ello es que las religiones más antiguas festejamos
en el solsticio de invierno, el nacimiento de la Sol.
Los
pueblos de la antigüedad que celebraban durante el solsticio de invierno (desde
el 21 de diciembre), alguna fiesta relacionada al dios o los dioses del Sol,
como Apolo y Helios (en Grecia y Roma), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en
Tenochtitlan), entre otros. Estas culturas creían que el dios del Sol nació el
21 de diciembre, el día más corto del año, y que los días se hacían más
largos a medida que el dios se hacía más viejo.
La
evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la navidad por parte
de los cristianos se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de la
era occidental actual, cuando Clemente de Alejandría indica que ciertos
teólogos egipcios “muy curiosos” asignan no sólo el año sino también el
día real del nacimiento de Cristo como 25 pachon (20 de mayo) en el vigésimo
octavo año de Augusto.
El
Papa Julio I pidió en el año 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado
el 25 de diciembre, lo cual fue decretado por el Papa Liberio en 354. La primera
mención de un banquete de navidad en tal fecha en Constantinopla, data del 379,
bajo Gregorio Nacianceno.
En
Antioquía, probablemente en el año 386, Juan Crisóstomo impulsó a la
comunidad a unir la celebración del nacimiento de Cristo con el del 25 de
diciembre, aunque parte de la comunidad ya guardaba ese día por lo menos desde
diez años antes.
La
elección de esta fecha se debía a que dichos cultos celebraban el solsticio de
invierno, momento en el que la Sol culmina su descenso para después iniciar de
nuevo su ascenso triunfante. De este modo, en la antigüedad identificaron esa
fecha con la de la resurrección de la Sol, la festividad de la Sol Invictus
(Sol invencible) asociándola después al propio Cristo.
En
el panteón romano se consideraba a Jano el dios de los solsticios, las
“puertas solsticiales” o “puertas del cielo”. Así, el solsticio de
verano —fecha a partir de la cual la luz diurna se va reduciendo
diariamente— era llamado janua inferni, la puerta del infierno o de los
hombres, y el solsticio de invierno, janua coeli, la puerta de los
dioses. Además, esta divinidad era para los miembros de los collegia
fabrorum romanos –los constructores–, el dios de iniciación a los
misterios. Durante la edad media europea los gremios de arquitectos y maestros
canteros -los constructores de catedrales- mantuvieron la pervivencia de la
veneración a Jano, aunque bajo la forma de los dos juanes –Bautista y
Evangelista–, cuyas festividades coinciden precisamente con los dos
solsticios. Cuya representación guarda más de una similitud con la del dios
romano.
Tal y como comenta
Isaac Asimov en su “Guía de la Biblia”: “Podría ensamblar el
cristianismo sin sobrepasar su felicidad de Saturnalia. Era solamente necesario
que ellos justamente saluden el nacimiento del hijo en vez que el del Sol”.
Por lo que la Navidad cristiana no es imitación, ni parodia de estas fiestas no
cristianas del nacimiento de los dioses solares; como si los dioses no
cristianos y Jesucristo hubieran nacido el mismo día.
En
las religiones más antiguas y significadas del Norte de África,
el culto a la Sol está íntimamente asociado a la veneración por los
antepasados. Aunque es un hecho universal, obedece a la relevancia que los
canarios asignamos al disco solar aspecto visible de Magek, como símbolo
del renacimiento cotidiano, de la regeneración estacional, representando la
encarnación plena de la inmortalidad, lugar de acogida de los Espíritus Libres
de nuestros ancestros, con su retorno diario, en el que se ve acompañado por
los Espíritus Vitales de los difuntos, que vuelven cada día para favorecer a
sus familiares vivos.
Esta
realidad espiritual está latente en los sentimientos más profundos de los
canarios a pesar de la enorme carga cultural y espiritual europea impuesta desde
hace siglos.
Reflexión:
Creemos
que la humanidad tiene derecho a la felicidad de tener sus necesidades básicas
cubiertas durante toda la vida, no sólo unos
días al año durante los cuales ciertas confesiones religiosas y el sistema
capitalista deshumanizado predican el consumismo desaforado de unos cuantos
pudientes a costa de las miserias del resto de los seres humanos, amparados además
en hipócritas y vanas palabras tales como: Amor, Paz y Felicidad.
No
podemos hablar de amor cuando millones de seres humanos mueren víctimas de
enfermedades elementales mientras que un sector del denominado primer mundo
gasta miles de millones de euros en fármacos innecesarios, para enriquecer a
las multinacionales farmacéuticas, y los miles de toneladas de medicamentos que
son arrojados diariamente a los vertederos, o cuando los medios de comunicación
de esta misma sociedad nos da hipócritamente las aterradoras cifras de los niños
del “tercer” mundo que mueren a diario de hambre, al lado de las que gastan
en peluquerías para perros, gatos y demás “mascotas”, la existencia de clínicas
para animales, alguna de ellas de lujo, las cuales son desvergonzadamente
escandalosas, muestra del deprecio que esta sociedad consumista siente por el
genero humano.
Una
sociedad gravemente enferma corroída por su profundo egoísmo que trata de
adormecer su mala conciencia mediante la creación de una pléyada de
asociaciones supuestamente benéficas, y cuyos fines últimos, en un buen número
de ellas, no son los que propugnan públicamente. Pero todas estas ONGs compiten
por obtener buenos pellizcos económicos de los gobiernos correspondientes, además
de aquellos que puedan sacar a la ciudadanía mediante mensajes sensibleros,
mostrando manipuladas imágenes de niños desnutridos y cubiertos de moscas y
mocos, los mismos que, por otra parte, el sistema capitalista deja morir de
hambre y enfermedades curables.
No
podemos hablar de amor cuando millones de toneladas de alimentos son destruidos
para mantener los precios del mercado. No podemos hablar de amor cuando unos
pueblos son invadidos y saqueadas sus materias primas por otros, manteniéndolos
en la más absoluta miseria económica y cultural.
No
podemos hablar de amor cuando determinados países del primer mundo gastan más
en armamento que el producto interior bruto de los países que directa o
indirectamente someten y saquean. En fin... algunos sostienen que el amor bien
entendido empieza por uno mismo...
No
podemos hablar de amor mientras no desterremos de nuestras mentes y manera de
actuar el concepto caridad y asumamos el de justicia social.
¿Qué
hemos hecho con la madre tierra y los medios que esta produce para el sustento
de todas las criaturas? ¿Hasta cuando vamos a continuar permitiendo que un
sector descerebrado de la humanidad nos conduzca inevitablemente hacía nuestra
autodestrucción?
Por
ello, no podemos decir: Paz en la tierra entre los hombres de buena voluntad,
porque estos hombre nunca hemos existido ni existirán mientras seamos nosotros
quienes controlemos los medios que mueven al mundo. Jamás podrá reinar un mínimo
de felicidad mientras desarrollemos nuestras actividades basadas en una continua
y despiadada agresión a la madre tierra. Jamás sabremos comprender la palabra
AMOR hasta que renunciemos a nuestra soberbia y nos acojamos bajo el Manto
Protector de Nuestra Diosa-Madre Chaxiraxi.
* Guayre
Adarguma Anez’ Ram n Yghasen, Guadameñe de la Iglesia
del Pueblo Guanche.
Want’ijussur
Magek n 9º akano n tallit taynay tagwancet.
(Diciembre
de 2009 del calendario occidental.)
Imagen
tomada de: www.silvanaycarlos.blogspot.com/